martes, 31 de mayo de 2011

Cagón policial

En la tercera fila del Teatro Metropólitan, un policía de tránsito embutido en su uniforme color verde chingamelarretina, portando el característico corte de a 10 varos en academia de peluqueros y esa papada que se les hace en la nuca a los gordos, cabecea del sueño en su butaca, entre miles de sus compañeros y ante la mirada del secretario de Seguridad Pública del DF, Manuel Mondragón.

El doctor desde el escenario lo detecta jeteándose durante su presentación y de inmediato le echa la luz verde de su señalador láser para reprenderlo. “Despiértate”, le grita en el micrófono, haciéndolo saltar del susto y de la vergüenza por verse evidenciado.

“Te me paras aquí en firmes, para que no te me duermas, que no estamos jugando”, le ordena el jefe de la Policía capitalina como castigo. El agente de nombre M. Manzo E. obedece porque además de que el hombre calvo de edad madura es su superior, éste le puede partir su madre porque es karateka.

“¿Qué no desayunaron?”, pregunta a el secretario a su público manera de reclamo, y los tiras de azul que estaban en la parte alta del recinto gritan un “no” al unísono, arriesgándose a ser meritorios de un arresto de ocho horas como el de verde que está zurrándose de la pena y de pie frente a los de la prensa.

Apenado por la respuesta colectiva de sus subordinados, Mondragón y Kalb se saca de la manga de su uniforme de gala una invitación a comer a cuenta suya para todos los presentes, arrancando así el aplauso del respetable.

¡Uts!

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