domingo, 2 de octubre de 2011

Filias aéreas

El otro día en una peda… en realidad era una junta editorial de este rotativo, pero el nivel de discusión es el mismo. En fin, al mencionar el nombre de la mujer que engalanaría nuestra portada, alguno de los connotados doctores en lingüística presentes en aquella reunión pronunció la frase: “¡futa! Esa vieja es un avión”.

“¿Un avión?”, pensé yo con cara de quien nunca ha visto a nadie, por muy puerco que sea, tirarse a un avión, ni siquiera uno de juguete. Es más, se sabe de personas que se excitan sexualmente al ver un automóvil de gran diseño y potencia, pero eso dista mucho de la acción de erotizarse ante la presencia de una aeronave. Por lo menos un coche tiene un mofle que podría, ya en caso de la marranaería absoluta, fungir como receptáculo del órgano sexual masculino, lo cual no se podría hacer con una turbina porque ésta emascularía al sujeto en cuestión.

El coito a bordo de un avión es una fantasía tan común que entra en la categoría de cliché, pero darse a uno entero es un acto sólo aquellos verdaderamente dañados de la cabeza pueden llevar a cabo en la realidad. Aún así, la analogía entre una bella mujer y el enorme artefacto con alas que vuela es inentendible, aún para una mente chaqueta como la mía que se autodenomina el Hugh Hefner de la pornografía indígena.

¡Uts!

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