miércoles, 21 de septiembre de 2011

Las reliquias del jefe

Hace unas semanas, la gente hizo una fila interminable para ver lo que quedó del Papa Juan Pablo II en una urnita culera en la catedral, y ese mismo ejercicio se repitió este martes en el Centro Histórico, para ser testigos del paso triunfal de Marcelo Ebrard por las calles hacia la Asamblea Legislativa, donde rindió su último informe de gobierno (es el quinto, pero el güey seguro pedirá licencia antes del sexto para hacer su campaña presidencial).

Transitar por esa zona era prácticamente imposible, a menos que fueras vestido de amarillo y con banderas del PRD porque, al parecer, era a los únicos a los que los granaderos no les ponían peros para situarse afuera del recinto de Donceles y Allende a echarle porras y tomarle fotos a los invitados especiales, como si se tratara de la alfombra roja de un evento de farándula.

Hasta yo (¡que soy yo!) tuve pedos para pasar la valla de los tiras, y eso que sólo iba de argüendero para poder ver, una vez más, a Rosalinda Bueso, novia de Ebrard Casubón, con el fin de documentar su presencia en estas páginas, en un ímpetu meramente periodístico, el cual me impide decir que se veía “bien chida”, citando a un morro parado al lado mío.

Por lo demás, el informe estuvo más de hueva que los videos piratas que venden con el título de “Hoteles Tlalpan”.

¡Uts!

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