martes, 8 de mayo de 2007

¡Felicidades mundo!

Este no es un post normal, no lo es porque no lo escribo desde la redacción de algún periódico o revista, o la cabina de alguna estación de radio o televisión, mucho menos desde la habitación o el lobby de algún hotel en Tokyo o Los Ángeles, se podría decir que es desde el corazón porque lo hago en mi casa.

El motivo de éste es porque tengo el agrado de comunicarle al mundo que he descubierto una nueva forma de suicidio, una que es ideal para las personas como yo, quienes le sacamos a darnos un plomazo, colgarnos de una viga o aventarnos al metro. Una en la que mi madre no sufrirá, una en la que nadie se dará cuenta excepto yo.

La mente es poderosa, eso hasta yo lo sé. Por eso mi mente le ha ordenado a mi cuerpo que deje de luchar, que deje de producir anticuerpos, que le baje de huevos a sus funciones normales para que una enfermedad de mierda me haga ídem. Es un estado de depresión tan perfecto que es como un paquete todo incluido; tristeza y muerte por el mismo precio. Algo similar les pasa a los viejitos cuando muere su cónyuge.

El hundimiento que siento dentro de mi no es nuevo, quienes me conocen desde hace tiempo me saben infeliz, creo que es tiempo de manifestarlo por otra expresión que no sean mis continuas jetas. No es mamada y no les doy nada, pero me quiero morir.

Soy afortunado, soy fuerte y sano como una mula, he recorrido el mundo, tengo un clásico deportivo estacionado allá afuera, me he merendado unas morras riquísimas, mis papás me quieren, tengo amigos y una carrera universitaria, pero no soy felíz.

Por alguna razón, una muy estúpida seguramente, tengo esa mentalidad tercermundista de que todo tiempo pasado fue mejor, que el presente apesta pero el futuro pinta bien. Desearía regresar a la prepa, a la secu, según mis recuerdos eso es mejor que lo que vivo ahora, es más, quisiera regresar el tiempo hace sólo algunos meses atrás. Tal vez sea el hecho de que alguna vez tuve novia, o el llenar el hueco del personaje malaonda en la escuela, ese que le pega a los demás en el recreo, quizás extraño estar en el aula de clases, verle la cara a los amigos todo el puto día, no sé, pueden ser tantas cosas.

Acabo de regresar de un viaje donde según yo me busqué a mí mismo, es obvio que no me encontré. Allá quería estar acá, aquí quiero largarme a otro lado, lo peor es que puedo hacerlo, puedo salir y tomar un avión ahorita mismo acualquier parte del mundo... bueno casi, hay lugares a los que ya no me dejan entrar, pero el punto es que aunque lo haga no servirá de nada.

Siempre dije que en mi carrera la único que se necesitaba para triunfar era talento, según yo lo tenía, pero el hecho de que ni en estas líneas pueda expresar realmente todo lo mal que me siento es algo que todavía me da más en la madre. Siempre fui de los buenos, nunca me costó trabajo pasar una materia, lo hice a base de talento, jamás de desvelé, todo fue a medio gas y así lo demostraba en mi comportamiento para sentirme mejor y superior a todo el mundo. El día de hoy, a mis veintitantos años no he publicado un solo libro, ni siquiera he podido terminar uno.

Me siento frustrado porque a pesar de que lo tengo todo me hace falta pasión, mis ojos ya no brillan, no sé si alguna vez lo hicieron. Lloro solo en las noches, escucho a Roberto Carlos y José Feliciano ¡por dios!, paso los días tirado en un sillón viendo la tele sin observar, hace tiempo que no tengo una risa sincera. Me quiero morir.

Revisando mi plan de vida me doy cuenta que no he logrado nada de lo que me tenía propuesto... al contrario, he perdido el gusto por hacer muchas cosas, ya no quiero ir a trabajar al periódico en el que ahora estoy, no quiero esforzarme en triunfar como periodista porque en el fondo sé que no lo voy a lograr, porque no tengo talento, porque de tenerlo tendría alguna idea, algún proyecto al cual entregarle mi vida, no sé hablar, no sé escribir, no tengo imaginación.

En mi vida renuncié al futbol, a la música, a la pintura y ahora al periodismo. Todo para lo que alguna vez pensé entregarle mi vida está en la basura, creo que es tiempo que yo mismo me tire también al cesto.

¡Felicidades mundo! Doblegaste mi espíritu

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