viernes, 25 de mayo de 2012
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Mario Manterola
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miércoles, 23 de mayo de 2012
Más días de rock
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Mario Manterola
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miércoles, 16 de mayo de 2012
Adiós al maestro (pfff)
Ahora resulta que todo el mundo leyó a Carlos Fuentes, que
todos lamentan su muerte y que la humanidad entera considera que su deceso es
una gran pérdida para las letras en Iberoamérica. ¡Ay-no-mamen!
Carlos fuentes era un escritor sobrevalorado, famoso más por
su activismo político que por sus letras, cuyo máximo mérito es haber hecho
enojar al ex secretario del Trabajo, Carlos Abascal, por un fragmento
ligeramente subido de tono de su libro Aura,
texto que era leído en las preparatorias, precisamente es el más citado y
referenciado por el público en general, únicamente por ese escandalito.
Era tan choteado y tan lugar común que hasta Enrique Peña
Nieto lo llegó a citar (mal, porque lo confundió con Enrique Krauze) con
aquella cosa sin pies ni cabeza que se llamaba La silla del águila, novela epistolar que describe las pugnas por
la Presidencia de la República, escrita de tal forma que pareciera que los
diálogos los inventó un niño muy mamón jugando con sus muñecos.
De sus obras más representativas, La muerte de Artemio Cruz y La
región más transparente, se dice que son fusiles descarados de Mientras agonizo de William Faulkner y The Manhattan transfer de John Dos
Passos, respectivamente.
De aquellas plumas sobrevaluadas, se fue Monsiváis, ahora
Fuentes y ya sólo falta Elena Poniatowska, que el sábado cumple 80… ¡a ver si
llega!
¡Uts!
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Mario Manterola
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lunes, 14 de mayo de 2012
martes, 8 de mayo de 2012
Yo la vi primero
Corría el año
2010. Era enero todavía y hacía frío, según puedo recordar por la erección de
mis pezones en una foto mental que guardo del momento. La euforia previa al
mundial comenzaba a desbordarse y yo presumía el ser de los pocos que compraron
la camiseta negra de la Selección Nacional antes de que se agotara en las
tiendas. En ese entonces, el hecho de ostentarme como una celebridad de la
radio nocturna, sin contar con que estaba yo completamente drogado, me permitía
perrear con soltura en los congales de esta ciudad, sintiéndome una versión
mejorada de Pedro Weber Chatanuga.
Entonces ahí
estaba yo, en algún antro pirrurris de
Santa Fe al cual fui a caer por obra de esa larga colección de malas
influencias a la que llamo amigos. Parada junto a la barra del bar, esperando a
alguien más con la mirada impaciente, ella escaneaba por sobre las cabezas de la
multitud ayudada de sus tacones de 27 centímetros con plataforma, diseñados
científicamente para parar nalga y remarcar esa curvatura de su baja espalda, presumiendo
con un escote similar al que volvió loco a Gabriel
Quadri.
Era ella, la musa
que desde el domingo por las noches ha inspirado miles de chamarras en el país:
Julia Orayen, la edecán del debate,
cuyo nombre desconocí por más de dos años hasta ahora que su fama se desbordó
por la abertura frontal de su vestido blanco.
“Le baila”, pregunté hablándole de usté para demostrar
cierto respeto. “No, me entra justo”, me mandó a la chingada.
¡Chá!
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Mario Manterola
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viernes, 4 de mayo de 2012
Ligar con clase
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Mario Manterola
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