sábado, 14 de agosto de 2010

¡Me violaron!

Clarito sentí cómo me la metían, cómo me agarraron, me voltearon y me la dejaron ir hasta el fondo. Caminé chistoso todo el día. Aún me duele cuando me río y el recuerdo no me dejará descansar tranquilo nunca.

Tenía gripa, eran las dos de la tarde y decidí comprarme un jugo de naranja para alivianar el flujo de mocos que emergía de mis fosas nasales, irritadas de tanto sonarme con un pañuelo que de lo mojado ya no daba más y parecía teja para jugar al avioncito en la primaria.

En Polanco es difícil encontrar un puesto callejero de frutas… o de cualquier cosa, por eso la única opción es acudir a un establecimiento que está frente a la estación del metro, en el cual te violan, te sodomizan y de la dejan clavada hasta adentro.

Se aprovecharon de mi carencia de vitamina “C” para ensartarme un vasito de jugo de naranja en 40 varos… ¡40 varos! ¡y ni siquiera era un litro!

Además eran naranjas comunes y corrientes; no las trajeron de Etiopía (el país, no la estación del metro), ni siquiera californianas son. Las han de haber comprado en el Superama de enfrente y por bulto.

Ya me lo estaba tomando muy chingón, cuando me ensartaron su tarifa por la tráquea y me llegó hasta el chimuelo. No lo pude regresar porque le había bajado la mitad del primer sorbo y con suerte traía efectivo en la bolsa.

Eso sí, el catarro se me quitó, pero fue del puro coraje de ver cómo dos chavas me violaban con un popotito

…¡chá!

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