Esto del periodismo no deja; todo el día andas en chinga, vas de un lado para otro, la paga es poca, la presión es mucha, la gente te quiere madrear, los políticos te malmiran, los narcos te matan, convives con borrachos y drogadictos, tienes que aguantar gente insufrible que cree que sabe mucho pero en realidad es pendeja (saludos, Dos Naciones), y encima de todo, al día siguiente todo ese esfuerzo valió madres porque la noticia caduca a las pocas horas.
Estaba yo a punto de suicidarme viendo Cosas de la Vida con Rocío Sánchez Azuara en el Canal 13 hasta que se me pudriera el cerebro (más), cuando pegado en un teléfono público de la colonia Del Valle encontré la respuesta a todos mis problemas existenciales, profesionales y económicos.
Su nombre es Mazdel, es una cachorrita Jack Russell Terrier de color blanco que se perdió en calles de La Condesa. Está asustada porque no salía mucho de su casa y como señas particulares, tiene una macha negra en un ojo que la hace parecerse al perro que sale en la película de La Máscara o en los anuncios de Telmex. Pero lo importante es que ofrecen por ella una recompensa de cinco mil pesos en efectivo.
¡Cinco mil varotes! O sea, me voy a volver detective de mascotas como Ace Ventura para tragar bien y poder pagar la renta.
¡Chá!
jueves, 31 de marzo de 2011
Caza-recompensas
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Mario Manterola
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9:14 p.m.
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lunes, 28 de marzo de 2011
Voten por mí
Debajo de una mesa de plástico cubierta con un mantel azul, un gordo pelón se está rascando minuciosamente la raya que se forma entre los glúteos, ante la poca convocatoria que tienen esas papeletas y la urna de votación que se empolva frente a él, ya que en todo el día no se ha parado una sola alma en ese lugar para emitir su opinión y mostrar preferencia por alguna de las propuestas.
La gente ya no se siente representada por los partidos y esa es una verdad tan grande como los testículos de Vicente Fox (o a ver ustedes échense a Martha Sahagún… ¡esos sí son huevos!). Porque todas las ideas parecen recicladas, repetitivas y sacadas del mismo cajón en donde López Obrador guarda sus calzones.
Es por eso que voy a fundar mi nuevo y propio movimiento político, cuyo nombre será el de Partido de Verdaderos Cabrones, es decir, el PVC, creado para representar a todos aquellos que viven inhalando solventes de un trapito, que han sido ignorados por los poderosos y relegados a un jardín atrás del Metro Hidalgo, donde ahora realizaremos nuestras asambleas diarias.
Tenemos representación en las 16 delegaciones, con más de 2 millones de simpatizantes repartidos en todos los paraderos de microbuses y tiendas Elektra, listos para contender en el proceso de 2012.
¡Democracia!
Foto: Ariel Álvarez (secretario del partido)
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Mario Manterola
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domingo, 27 de marzo de 2011
Palma 40
Cerveza barata, música en vivo y la posibilidad de ser tan famoso como el cantante Kalimba. Todo eso se encuentra en un lugar en el Centro Histórico que, además, tiene una de las vistas nocturnas más perronas hacia el Zócalo, a pesar de la bola de electricistas inútiles que duermen ahí todas las noches.
Se llama el Penthouse Palma 40, que como su nombre lo indica, se encuentra ubicado en la calle de Palma y en el número 40, donde después de subir caminando nueve pisos y guacarear del esfuerzo porque el elevador no sirve, uno puede rodearse por decenas de bellas chicas que están en la frontera de la mayoría de edad, moviéndose al ritmo de la música electrónica con un DJ en vivo y en la oscuridad.
Entrada la noche, porque cierran hasta las ocho del día siguiente a pesar de reventar a una cuadra de donde se supone que despacha Marcelo Ebrard, como en todo bule también se ponen cumbias y salsas para que la banda empiece a bailar pegadito, una vez que el alcohol eliminó todo resquicio de cualquier prejuicio hacia la llamada “música popular”... Ah sí, y las lámparas están chidas.
En caso de que se quiera mantener el cool y no perrear como morrito en festival de secundaria de la Gustavo A. Madero, también se pueden abrir las ventanas y disfrutar la vista del centro, que es alucinante aún sin drogas.
¡Salud!
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Mario Manterola
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8:40 p.m.
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jueves, 24 de marzo de 2011
Sueños tepiteños
Soñé que era yo un niño saliendo del vientre de mi madre a la hora del parto y lo primero que escuché al llegar a este mundo fue la estrofa “estoy enamorado, te quiero confesar, totalmente ilusionado, me la paso pensándote, nunca voy a soltarte porque estoy enamorado…”, cantada en la melodiosa voz de Wisin y Yandel a todo volumen en un teléfono celular.
Al abrir los ojos, el primer ser humano que vi fue un güey en camiseta blanca que dejaba ver un tatuaje de la santa muerte en un brazo, con la cabeza rapada de los lados y un mechón rubio que le salía desde la frente y se prolongaba hasta atrás de la oreja, portando lentes oscuros y en la mano un trapo blanco que constantemente se llevaba a la boca y nariz, como si éste oliera muy rico.
De otro lado, se encontraba quien se supone que era el doctor, llevando con el mismo look, sólo que usando tapabocas y unos guantes para recibirme, con la peculiaridad de que éstos no eran de látex sino de hule verde, de esos que se usan para lavar los trastes.
Al oír “ya nació el Justin”, en la melodiosa y emocionada voz de quien se supone debería ser mi progenitora, supe que había llegado a este mundo a ser ladrón de autopartes o agente de la Policía Judicial, por lo que mejor les dije “chinguen a su madre” y me volví a meter.
¡Chá!
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Mario Manterola
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8:59 p.m.
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miércoles, 23 de marzo de 2011
Evolución musical
Cabelleras sucias y descuidadas crecidas hasta los hombros, pantalones embarrados al cuerpo sin importar que les bote una panza chelera que los haga parecer perros parados, playeras ridículas, pulseras como de niña de secundaria, botas tipo obrero en esos pies que jamás han pisado una mina o una construcción, además de una actitud propia de un bebé rebelde de dos años de edad… ¡Cuánto erotismo!
Los metaleros, como se les denomina a quienes cumplen con la descripción hecha líneas arriba, constituyen el escalón más bajo en la escala evolutiva del ser humano, o de otra forma no se explicaría el gusto por una música tan primitiva, hecha a base de guitarrazos sin patrón y con letras que ni Ricardo Arjona firmaría, sobre todo aquella corriente que se denomina “hard core”, que es lo mismo pero con gritos guturales y a una velocidad que sólo con drogas se alcanza.
¿A quién le gusta el metal? ¡Acéptenlo!, a nadie, ni siquiera a ellos mismos. Si escuchan y cantan eso, es por el deseo infantil de querer parecer diferentes y contrarios a lo establecido, actitud que es característica en los adolescentes confundidos.
Metalero: entiende, te ves mal, agarra la onda, deja las drogas, acaba tu primaria, báñate, ponte ropa de tu talla. Hasta los de Metallica se cortaron la mata.
¡Chá!
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Mario Manterola
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lunes, 21 de marzo de 2011
Sueños de guerra
La luz verde de una bengala en el cielo se cuela por un espacio entre la cortina y el muro, iluminando parte de la habitación en penumbra. Una posterior explosión hace retumbar al edificio entero, que se tambalea como la moral de una quinceañera alcoholizada. El sonido de vidrios cayendo y las posteriores ráfagas de metralla rebotando por doquier me obligan a tirarme al suelo y arrastrarme en camiseta y con mis calzones de Scooby Doo hacia la salida.El aire nocturno en la ciudad de Trípoli se colma del ruido de las sirenas que advierten de nuevos bombardeos de las fuerzas opositoras al régimen de Gadafi, mientras a oscuras estrello el dedo chiquito de mi pie derecho contra un mueble invisible en un intento de salir al pasillo y alejarme del peligro que representan las ventanas del hotel donde nos encontramos varios representantes de la prensa internacional.
Al cabo de dos minutos en los que el silencio vuelve a hacerse presente, tomo valor para asomarme al balcón y ver si la capital de Libia sigue allá afuera, ignorando ese escozor en mi entrepierna que indica que tal vez estoy demasiado asustado. Un resplandor a lo lejos sale de atrás de un muro y se dirige hacia mí, estoy muerto.
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Mario Manterola
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9:00 p.m.
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