Sí, Mick Jagger se mueve como un niño de 12 años a pesar de tener 72; sí, bromeó sobre el Chapo, habló en español y se puso una bandera mexicana; sí, echaron cohetes y proyectaron al diablo en las pantallas; sí, hicieron que la gente cantara, aplaudiera y hasta aullara; sí, todos maman con que fueron, estuvieron ahí y se sabían las canciones. Pero un concierto de los Rolling Stones, el concierto de ayer en el Foro Sol, fue mucho más que un gran espectáculo de una banda monumental, fue todo lo que un concierto de rock debería ser.
Tal vez fue por lo variado del público, el tiempo que lleva la gira, lo bien que lo siguen haciendo y las bajas pretensiones con las que llegaron, pero los Rolling Stones suenan tan bien que lo único que el público hizo fue escucharlos, cerrar los ojos y dejarse mover por la música, disfrutar las canciones conocidas, cantar los coros, y prestar atención a las grandes rolas que por algún motivo no se convirtieron en himnos.
No había una mayoría de teléfonos celulares en lo alto queriendo registrar lo que los oídos y ojos no entrenados no podían hacer, sólo sentidos atentos a lo que pasara en el escenario. No fue la masa rindiéndole culto a la masa, el público nunca fue protagonista con sus porras, olas o cánticos, porque todos, por lo menos la gran mayoría, sabía o entendió a tiempo que el show estaba sobre el escenario.
El Foro Sol no es un lugar apropiado para conciertos, pero si los Stones sonaron como sonaron anoche es porque llevan 50 años perfeccionando su sonido y un año practicando cada momento en esas canciones. Una ejecución perfecta para que la gente que los fue a ver, rucos y chavitos, no se sintiera obligada a llenar los huecos a menos que Mick los incitara a hacerlo, lo cual estaba perfectamente cronometrado también.
Los niños mexicanos del coro de ‘You can’t always get what you want’ conquistaron a todos con sus voces y sus caritas de miedo al ver 70 mil almas oyéndolos cantar. La voz de Sasha Allen en ‘Gimme Shelter’ y los coros de otras tantas terminó de coronar una gran actuación que la gente, todos los que ayer bailamos, deberíamos recordar por siempre.
martes, 15 de marzo de 2016
¡Háganme un hijo los cuatro!
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Mario Manterola
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Etiquetas: Música
jueves, 10 de diciembre de 2015
El merol ni es tan merol
Rodeados de metaleros de lacias melenas sedosas, que ya las quisiera una modelo rusa para un comercial de champú, mi valedor el Panchito y yo llegamos muy nalgas al Centro Dinámico Pegaso el sábado pasado a hacerle a la mamada en un festival de rock satánico en mi troca levantaperras. En medio de ese baldío por el que un hijodesupinchemadre cobraba de a cien varos el estacionamiento, de huevos bajé las ventanas para que todos esos camisasnegrasconcalaverasestampadas escucharan mi poderoso estéreo sonando al ritmo de ‘Querida’ de Juan Gabriel.
Yo esperaba encender los ánimos como policía federal fotografiando niños afuera de una primaria en Tláhuac, que nos bajaran a putazos, voltearan el vehículo y le prendieran fuego para rostizarnos en las flamas y luego ofrecer nuestras tripas a Satanás o Eddie, el mono que sale en los discos de Iron Maiden… pero nel, nomás unos como que se voltearon sacados de onda, lo tomaron a broma y siguieron su camino, mientras uno que otro hizo la señal de cuernitos en la mano, porque de seguro son juangabrieleros de clóset.
A pesar de sus pulseras con picos, playeras con estampado de calacas y caras de melapelas, los metaleros son los más ñoños de todos los públicos. Hace un par de años, cuando vino Justin Bieber, las chavitas que lo estaban esperando afuera de su hotel en Polanco madrearon a unos granaderos en su intento de pasar a verlo; los ñeros del Vive Latino son como anarquistas de las marchas del dos de octubre y hasta los fresotas y aspirantes a fresotas del Corona Capital han dado portazo, pero los merol son como buena onda, se forman y esperan sin hacerla de pedo, sacan la lengua pero ni el eslam arman, se quedan en su lugar moviendo la piojera sintiéndose hijos del anticristo.
Lo mejor de estos güeyes es que sí van a ver el espectáculo, porque no sacan sus teléfonos para grabar lo que esté en el escenario para nunca verlo después. Tampoco cantan porque saben que para eso pagaron por ver a un güey que lo hace bien arriba de la tarima, y porque al chile esos pinches gruñidos pueden destruir gargantas no entrenadas.
¡Chá!
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Mario Manterola
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lunes, 16 de marzo de 2015
El rock ha muerto
Ah qué tiempos aquellos en los que Uruchurtu era regente del DF y Durazo el jefe de la policía, cuando trepaban a la julia y metían al bote a todo aquel que se dejara la mata larga y pareciera foto de catálogo de estética unisex; de cuando Echeverría prohibió el rock y todo pretexto de reunión juvenil para que la música fuera proscrita y enviada a tocarse en secreto dentro de asquerosas bodegas y patios en la periferia de la capital, conocidos hoy nostálgicamente como ‘hoyos fonki’.
Entonces el rock era valorado como arte, era en sí mismo un acto de libertad y de identidad que se ha convertido en un accesorio, en un pretexto para celebrar la decadencia de una generación que no valora, por desconocimiento de su historia, lo que tiene y usa la música como excusa para exhibirse, tratando de llenar el vacío emocional en sus patéticas vidas.
En el Vive Latino de este año quedó demostrado que la música pasó a segundo término, que la mayoría de quienes van lo hacen para presumir que estuvieron ahí y no para escuchar a un artista exponer su trabajo, que es más importante tomar fotos borrosas o videos de mala calidad que sentarse a escuchar en vivo lo que consumen en un archivo comprimido que borra la profundidad de los detalles.
Es la masa celebrándose a sí misma por estar reunida en el lugar de moda del fin de semana, aunque no estén escuchando nada de lo que se toca sobre el escenario, y que es la razón por la que deberían estar ahí.
¡Chá!
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Mario Manterola
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miércoles, 24 de septiembre de 2014
Mejor regálenme una hermana
Yo no me quejé, al contrario, hasta me puse flojito para que Apple me dejara ir el nuevo disco de U2 directamente a mi biblioteca de iTunes, para que nada más tuviera que picarle con mi dedito a la compu, sin tener que irme a parar a la tienda a hacer el oso. Hay quien se molestó por el regalo porque no a todos les gusta U2 y cada vez serán menos los simpatizantes a la causa de esta banda irlandesa si siguen haciendo música tan chafa, que ni de gratis es aceptada.
Bono, Edge, Mullen y Clayton no regalaron su disco Songs of innocence, lo pagó Apple para adornar el iPhone 6, que es exactamente como el 5 y el 4, pero un poco más grande y mamila, con el fin de que el usuario no se sienta estafado, pero si la música estuviera buena no habría tanto inconforme buscando desesperadamente la manera de borrar esas canciones que no pidió en sus listas de reproducción.
Yo de todos modos lo iba a comprar para escucharlo completo en la regadera o en el tráfico, que es como se escuchan ahora los álbumes para asimilar la música. Una vez analizado todo el disco, gracias a un viaje salvaje de dos horas de Cuemanco a Satélite, puedo afirmar que Songs of innocence está a dos segundos de ser basura, pero no llega a serlo porque, a final de cuentas, es U2 y suena a U2.
Con pretensiones punk que no llegan a realizarse, abre el disco con The miracle (Of Joey Ramone), una canción que está científicamente planeada para sonar a coro en un estadio repleto con una escenografía súper mamona, con una guitarra potente pero que nada tiene que ver con la influencia que tuvo The Ramones en el nacimiento de U2. En el mismo sentido viene después California (There is no end in love), que toma como pretexto un fragmento de Barbara Ann de los Beach Boys para desarrollar otra rola épica, también planeada para tocarse en vivo bajo millones de libras en lucecitas y cuetitos, que ya los quisiera Peña Nieto para su ceremonia del Grito.
Iris (Hold me close) es otro pico alto en Songs of innocence, para después cerrar aguado y azotado con The troubles, entre otras canciones que no llegarán a sencillo pero suenan perronas. El problema es que U2 ya no tiene alma, es demasiado frío, calculado, ya no hay rock y se nota que están pensando más en cuántas pantallas tendrá su próximo escenario que en sorprender al público que compró un teléfono igual al que ya tenía, pero más caro, sólo para seguir siendo parte de la banda.
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Mario Manterola
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martes, 9 de septiembre de 2014
Hablemos de nalgas
Con Miley Cyrus contenida y dándole la vuelta a sus detractores con una actuación recatada en los pasados MTV Video Music Awards, alguien tenía que dar la cara (o las nalgas) para escandalizar a la opinión pública y dar continuidad a la sana relación que hay entre la carne y la música, dupla que ha hecho evolucionar la mentalidad del mundo occidental década tras década.
Es Nicki Minaj la que toma la batuta transgresora del buen gusto para demostrarnos que siempre se puede ir más allá, que siempre se puede caer más bajo y que lo que sigue es mostrar las entrañas, pero al ritmo de algo que seguramente haría llorar a tu abuelita. 'Anaconda' es el título del nuevo sencillo de la cantante nacida en Trinidad y Tobago, el cual en una semana acumula casi 100 millones de visitas en el portal de YouYube gracias a que en él da una cátedra de cómo sacudir sus músculos glúteos, muchísimo más grandes que el promedio (aún entre las mujeres de raza negra), haciéndolos ir y venir, subir y bajar y tambalearse con un movimiento casi hipnótico.
¿Simple pretexto para mostrarlas, presumirlas y restregarlas en la pantalla? Un poquito, porque la canción habla de eso, de una mujer que anda de hombre en hombre buscando quién sea digno de poseer esas asentaderas tamaño crisis del 94, pero haciéndole homenaje al clásico del hip hop 'Baby got back' del rapero Sir Mix-A-Lot, quien con esa canción de 1992 dejó en claro que le gustan las nalgonas, como a todos los demás hombres.
Escandaloso y de mal gusto es el trasero bamboleante de Nicki Minaj, pero habrá que entender que es parte de la evolución de la música a algo aún más transgresor, como lo fue la pelvis de Elvis Presley en los cincuenta, las caderas de Mick Jagger en los sesenta, el androginismo de David Bowie y los gemidos de Donna Summer en los setenta, Madonna haciéndole el amor al piso en los ochenta, la cachondez de Britney Spears adolescente en los noventa, Robbie Williams bailando sin piel hace una década y ahora el perreo intenso de Miley Cyrus y Nicki Minaj, quienes son las que determinan quién está y quién no está en onda, lo cual me hace pensar que tal vez, sólo tal vez, ya estoy viejo.
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Mario Manterola
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miércoles, 27 de agosto de 2014
Sírvame otro thinner con hielo
"Por ti, dejé de hacerle gestos al tequila", dice un rolón de la Banda La Trakalosa de Monterrey, que sólo por esa primera estrofa debería ser considerada un himno al despecho de las mujeres del nivel de 'Ella', de José Alfredo Jiménez, esa en la que se cansó de rogarle y de decirle que sin ella de pena muere... ¡ajúa!
"Por ti, mi orgullo se ahogó en una botella", dice la segunda estrofa de esa obra maestra del alcoholismo por desamor llamada 'Borracho de amor', que suena hasta el cansancio en todas las estaciones gruperas que hay en el cuadrante de la radio nacional, que son tantas como muertos en el sexenio de Felipe Calderón (quizás exagero, pero nomás tantito). A pesar de llevar un rato ya circulando por todos lados, su poder etílico la tiene arraigada en el hígado de los mexicanos, que casi no buscan excusas para beberse hasta el agua de la taza del baño cuando una mujer los (nos) manda a la fregada.
"De bar en bar me voy bebiendo tu recuerdo", es otra de las frases con las que se consolida en el olimpo de las rancheras que se cantan al final de cada fiesta, ya cuando uno espera a que salga el sol para no ser atrapado por el alcoholímetro. No le pide nada a "Mujeres divinas" de Martín Urieta pero inmortalizada por Vicente Ferández, aunque a los oídos de alguien no entrenado por el Bacardí y la botana batata pudiera sonar como inferior, sólo por ser una canción que se cataloga dentro de lo "grupero".
Quizás lo único que le falta a 'Borracho de amor' de La Trakalosa es, como el buen chupe, añejarse tantito para ser asimilada hasta por esos pretenciosos que le hacen jetas a todo lo que suene a pesero pero que en el fondo y en sus listas de reproducción de sus iPods traen la discografía completa de Pepe Aguilar, Jorge Negrete y hasta Javier Solís, considerados pilares de la música popular mexicana, de esos que se encuentran en acervos y engalanan homenajes en Bellas Artes.
Nos vemos en un karaoke de Coyoacán dentro de 20 años y confío en que ya todos se la sepan para no hacer el oso yo solito.
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Mario Manterola
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martes, 10 de junio de 2014
Hip-hop campechano
Toda ciudad, por más pueblote que sea, tiene sus barrios bajos, los cuales, como el resto del paisaje, aspiran a parecerse a los de las grandes urbes que marcan tendencia en el mundo de lo clandestino, es decir, que un pantano marginal renegará de serlo y preferirá mil veces ser como el Bronx en Nueva York o mínimo como Tepito en la Ciudad de México, pues el tercer mundo existe hasta dentro del tercer mundo.
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Mario Manterola
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10:23 p.m.
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lunes, 21 de octubre de 2013
Más pinchis días de rock
Cinturita y caderotas, castaña clara de proporciones perfectas y 19 años (más me vale), repegándoseme en un baile erótico y sudoroso hasta escurrir, en el que aunque no quisiera le agarraba alguna de sus partes pudendas sin protestar o siquiera poner resistencia, y a pesar de toda esa belleza, de alguna forma no me la estaba pasando del todo bien.
El concierto de Muse, la banda británica que toca bien chingón, fue la confirmación de que ya estoy bien pinche anciano, no porque sea un grupo que oyen en su mayoría quinceañeros conmovidos por letras con cierto grado de cursilería y algo más de fantasía cósmica (sin contar que sus canciones salen en todas las de Crepúsculo), sino porque como que ya me da oso andar brincando con el puño en lo alto y un celular en la otra mano durante los toquines.
Al principio me dejé llevar, tanto que la corriente humana me acarreó hasta enfrente del escenario, desde donde se ve bien guapo el Matthew Bellamy y ya no me pude regresar al sitio en el que los de mi edad disfrutan de esos eventos, que es hasta atrás, a la orilla de la multitud, para poder sentarse y escuchar la música con atención.
Pero ya estando ahí, en el faje colectivo de miles de adolescentes extasiados por la música, no tuve de otra que dejarme llevar, aprovechando el hecho de que yo era el único caliente al que le importaba más ver qué agarraba que cómo tocaban los de los instrumentos, con todo y su pirámide de pantallotas súper acá.
¡Chá!

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Mario Manterola
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miércoles, 17 de julio de 2013
Días de Paramore!
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Mario Manterola
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domingo, 23 de diciembre de 2012
El que ya no fue
La de mañana estaba destinada a ser una noche mágica e histórica, como cuando Vicente Guerrero y Agustín de Iturbide unieron sus fuerzas en el abrazo de Acatempan, como cuando Emiliano Zapata y Francisco Villa se encontraron en la Convención de Aguascalientes, o como cuando el Chapulín Colorado salió en un capítulo del Chavo del Ocho, gracias a la tecnología de la televisión setentera.
Así de grande, así de trascendente, iba a ser un baile en el Campo ex Pumitas de la deportiva de Xochimilco, donde Joan Sebastian y Jenni Rivera se encontrarían en un baile al cual yo asistiría. Tres leyendas de la música popular mexicana estarían juntas en un mismo lugar y en plenitud de facultades. El Rey del jaripeo, la Diva de la banda y el Príncipe de los sayayín, compartirían lo mejor de su repertorio y los juglares hablarían de eso durante las próximas décadas, haciendo que el mundo envidiara a los que presenciaron la historia misma.
Desafortunadamente eso ya no podrá ser. Jenni murió hace dos semanas en un avión que se estrelló en la sierra de Nuevo León y por más que los organizadores la sigan anunciando en las bocinas de la camioneta que vende los boletos, ella no acudirá a la cita.
Ante tal tragedia, debo anunciar que yo tampoco iré, a pesar de que ya tenía mis boletos para ver cómo los toros de la ganadería Destructores destripan a un borracho en el ruedo, que ese sí es un arte taurino, no como las corridas de los domingos en la México, que esas son para jotos.
¡Chá!
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Mario Manterola
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miércoles, 12 de diciembre de 2012
Curado por más días de rock
Estaba a dos segundos de la embolia cerebral. Los oídos parecían estallarme, el dolor de cabeza era tal que sólo un taladro podría curarlo. El reflujo en la garganta me hacía sonar como José José en la actualidad y sentía navajas cortándome los muslos al intentar caminar o simplemente permanecer de pie. Los síntomas indicaban que me iba a dar una gripa extraterrestre, de esas que te hacen escupir flemas hasta por la cola.
Pero no podía dejar que un virus pedorro chilango me venciera y evitara que estuviera frente al Jefe Bruce Springsteen en su primera y probablemente única actuación en territorio nacional. Llegué al Palacio de los Deportes casi gateando, aullando de dolor, pero dispuesto a morir en nombre del rock and roll (¡ay qué mamón!).
Una chela tamaño garrafón y unos tacos de pastor no hicieron el efecto que yo esperaba, pero me dieron energía para llegar hasta enfrente del escenario. Fue gracias a los apretujones de la compacta multitud que pude permanecer en pie, ya que mi peso fue cargado por todos aquellos que, como yo, intentaron tocar a Bruce.
Pensé que el ruido de la E Street Band destruiría mi cráneo, pero la música me dio energía para plantarme sobre el suelo, alzar los brazos y tocar al ídolo de Nueva Jersey cuando se mezcló entre el público. Ya en el encore, mis piernas habían recuperado la fuerza necesaria para brincar, bailar y tirarle el perro a una sabrosa de rojo que andaba por ahí, porque los vagos como yo nacimos para correr.
¡Uts!
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Mario Manterola
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miércoles, 5 de diciembre de 2012
Vienen días de rock
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Mario Manterola
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martes, 16 de octubre de 2012
Días de rock... ¡y los que vienen!
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Mario Manterola
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domingo, 22 de julio de 2012
Más hartos días de rock
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lunes, 28 de mayo de 2012
Es por amooor
Es por amor, como dice la canción del grupo Git (chale, ¡qué anciano estoy!), que uno sale a la calle todos los días dispuesto a enfrentar al mundo, a repartir pesos a los limpiaparabrisas de cada semáforo, mentadas a quienes entorpecen el tráfico por las mañanas, reproches a los que malplanean las obras públicas, miedo a los que viven para hacer daño al prójimo, tolerancia a las secreciones corporales del de junto cuando se viaja en Metro en hora pico, valor a las inclemencias del tiempo y coraje al trabajo malpagado de esta ciudad.
La vida se podría definir como una lucha eterna entre el amor y la muerte, porque aunque sepamos que invariablemente siempre ganará la muerte, debemos apostarle todo al amor (¿de dónde me robé eso?). Sólo así se puede sobrevivir todos los días, volteando a ver a cualquier otro lado que no sea nuestra propia miseria.
Sin embargo, como diría el compositor Manuel Alejandro, en voz de José José (antes de que la voz del Príncipe fuera consumida por el Don Pedro): “porque el tiempo tiene grietas, porque grietas tiene el alma, porque nada es para siempre y hasta la belleza cansa. ¡El amor…!”
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Mario Manterola
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viernes, 25 de mayo de 2012
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miércoles, 23 de mayo de 2012
Más días de rock
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lunes, 14 de mayo de 2012
martes, 17 de abril de 2012
Una pasión darketa
Si no fuera porque tenía la mitad de la cabeza rapada, un piercing en la nariz con una cadena que se conectaba con otro igual pero en la oreja, además de ojos con pupilentes blancos y un punto negro, sin mencionar el tatuaje en el cuello y el novio de dos y medio metros con implantes en los colmillos y unas botas que podrían abrirme un segundo ano de una patada en las nalgas, a la morra que me encontré antier en la Condesa sí le andaba yo poniendo casa.
Delgadita, caderona, bustona, de finos rasgos faciales, estatura indefinida a causa de unos tacones de prostituta sadomasoquista y una sonrisa que hasta podría levantar la campaña de Josefina Vázquez Mota, la chica era parte de una invasión de chicos darkis en la Condesa, en donde se presentaba el grupo punk Misfits… ¡Aiwey!
Luego de rolar un rato alrededor suyo como buitre, pude entablar una conversación con ella, ayudado de una playera de 50 varos que compré afuera del toquín, cuyo olor a vómito de tres días venía incluido en el precio.
Resultó que la darketita era más noble que un gas de los que aparecen en la primera columna de la tabla periódica o que un pedo con una dieta a base de puras frutas y que la apariencia es una forma de expresar el enojo que no puede externar de otras formas, lo cual sólo indica que las inadaptadas son la salida perfecta para cuando nadie más afloja.
¡Uts!
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Mario Manterola
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Los Misfits
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