2015 estuvo de la chingada. Pasé las últimas 36 horas pensando en una forma de decir lo anterior con palabras más elegantes, pero me fue imposible. Quizás eso es parte del problema también.
Toda la vida me ha cagado festejar el año nuevo o tomarlo como un pretexto para hacer resúmenes, balances, análisis y cuanta cosa hace la gente para expiar sus fracasos y presumir sus logros, pues no es más que una fecha en el calendario y el inútil que soy ahora no se borrará cuando terminen las 12 campanadas del reloj. Prefiero contabilizar mi vida en mundiales de futbol, como en aquella tan poco valorada película mexicana Días de Gracia, pues he aprendido a proyectar los acontecimientos de mi vida en los esfuerzos de otros, en este caso 23 güeyes de verde, blanco y rojo que nunca han conseguido nada.
Sin embargo y siguiendo con la analogía futbolera, pensé que siendo el 15 el número del Matador Luis Hernández la suerte estaría de mi lado. Lamentablemente la suerte no tiene nada que ver aquí. “Sin talento no busques grandeza, porque nunca la vas a tener”, cantan Los Tigres del Norte en el corrido de El Jefe de Jefes, y yo descubrí este año que definitivamente no lo tengo; que si dependía del destino, éste se está pasando de lanza conmigo. Y yo, que nunca he sido partidario del esfuerzo, terminé por aceptar que bale berga la bida, como dice la sabiduría popular del Facebook.
En casi todos los aspectos de mi vida este año fue una porquería. En lo profesional 2015 fue el año del fracaso; perdí mi columna, la Dialéctica Macuarra, esa con la que intenté construir un nombre en el periodismo que mis carencias como reportero jamás habrían permitido formar. Perdido en el anonimato, terminé por aceptar que mi lugar está lejos de las grandes historias, porque he demostrado una y otra vez mi incapacidad para contarlas. Sí, hay un libro ahora mismo en las tiendas de todo el país con mi nombre entre la lista de autores, pero es una lista muy larga, persiguiendo una causa con la que no comulgo y comparando todos los textos escritos sobre el caso policiaco más importante de la década en México, el mío es el relato más gris de todos. Hojas en blanco y fotos mal tomadas, ese es mi resumen laboral.
En todo el año no le dirigí ni una palabra a mi hermano, no sé si mi papá sigue vivo y sé que mi mamá me tiene miedo, en más de una manera. Actualmente mi perro es mi único amigo y hasta él a veces me gruñe y ha amenazado con arrancarme un brazo. No soporto a la gente y ahora hasta la soledad me harta, pues ya ni conmigo sé estar.
En 2015 di el viejazo. Ese declive físico por el que todos pasan de los 40 a los 50 yo lo di a los 31, con cansancios que me impiden levantarme de la cama por dolencias invisibles. Nunca en mi vida me había visto peor que ahora, ni siquiera cuando era cholo-adolescente y me peinaba como Gokú e iba a la secundaria pública a oler marcadores de aceite, o cuando usaba frenos en los dientes y me hice chinos para parecer Memo Ochoa y más bien terminé pareciéndome al Buki en drogas; hasta extraño aquellos tiempos en los que me dio varicela siendo adulto y parecía La Mole con cabello largo. Definitivamente este año será recordado como aquel en el que me di cuenta que mi juventud se había perdido, junto con la mitad de mi guardarropa, compuesta de prendas que nadie cree que alguna vez me quedaron.
Momentos rescatables, muy pocos. Soy rutina y lo peor de todo es que ya se me fueron las ganas de cambiarlo. Simplemente se me agotó la fuerza y la pasión para hacer cualquier cosa. Clínicamente no, pero se podría decir que ya estoy muerto. 2016 es el año del inicio de mi putrefacción.
¡Chá!
jueves, 31 de diciembre de 2015
Chinga tu madre 2015
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Mario Manterola
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martes, 8 de diciembre de 2015
Fin de año, reinicio de esta madre
Cuando de repente volteas y ves al de mantenimiento, ese al que le hablas cuando el aire acondicionado ya te está dando neumonía, bailando lambada con las manos empotradas a las nalgas de la ruca del aseo, esa que te limpia el escritorio después de comer tlacoyos de chicharrón sobre él, sabes que tu vida vale madres y lo que sigue es que te dé cáncer en el culo por ser un maldito Godínez que vive sentado frente a una computadora que se traba hasta con el juego del Solitario.
Así son las fiestas de fin de año de la oficina: la confirmación de que tu universo está delimitado por la nómina y que tus posibilidades de diversión son tan amplias como el horario que marca en la tarjeta de asistencia. El hecho de tenerte que divertir con las mismas personas con las que compartes turnos de por lo menos ocho horas en un espacio cerrado en el que la vida se va poco a poco es tan triste como el hecho de que además hay gente que lo disfruta, que espera esa época del año con ansias porque es la única oportunidad que tiene de salir de la monotonía, sin saber que esos de los que está rodeado son los causantes de ésta.
Invariablemente todas esas reuniones acaban convirtiéndose en una especie de boda callejera de barrio pobre, con sus rolas choteadas y dinámicas de fiesta infantil, desde el Payaso de Rodeo hasta la línea de Disco Samba con el jefe hasta enfrente, dándose sus baños de pueblo sabiendo que la cercanía con él provocará en sus subordinados, por no decirles “pinches gatos”, una falsa ilusión de igualdad y trabajo en equipo, sin mencionar que es una oportunidad para embriagar a la sabrosa cotizada de contabilidad para convertirse en el error del que a la mañana siguiente se arrepentirá y en la próxima reunión todavía causará uno que otro asco.
Es esa época del año en el que se organizan intercambios con regalos de no más de 300 pesos, cuando bien les va, en las que revivo este puto blog para no volverme loco y meterme un tiro.
¡Chá!
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Mario Manterola
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miércoles, 1 de abril de 2015
La vida después de Ebrard
Como cuando Elvis Presley regresó de su servicio militar, como cuando a Muhammad Ali le restituyeron su licencia para boxear tras negarse a ir a Vietnam, como cuando volvieron los Pepsilindros y como cuando el PRI retomó Los Pinos (bueno, eso no), la reaparición de Mariagna Pratz a las telenovelas es algo que muchos esperamos con las ansias de un niño en la noche del 24 de diciembre.
El sexenio pasado fuimos testigos de cómo se le puede succionar la vida a una mujer. La actriz, una belleza digna de protagonizar telenovelas y ser musa de obras de arte, en cinco años perdió hasta el brillo de sus ojos y terminó siendo la definición perfecta del concepto ‘ñora’, que reflejaba el cansancio en lo seco de su piel y las jetas que ponía en cada acto al que acudía acompañando al entonces jefe de Gobierno del DF, quien terminó botándola por un modelo más nuevo, importada directamente desde Honduras y con credenciales diplomáticas, que le servirían para impulsar la carrera presidencial que nunca corrió.
De acuerdo con el portal de Tv Notas (ay sí), la ex esposa del ex alcalde, ex perredista y ex ser humano, aparecerá a finales de marzo en ‘Muchacha italiana viene a casarse’ por invitación del productor Pedro Damián, y será hasta entonces cuando sabremos si hay vida después de la muerte política o si cavó su tumba cuando dio un discurso hasta su madre durante el anuncio de la Línea 12 del Metro.
¡Chá!

Así la agarró............................................................... y a sí la dejó
¿Cómo estará ahora?
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Mario Manterola
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miércoles, 11 de febrero de 2015
Una ciudad sin amor
El amor todo lo puede; el amor todo lo pudre. Con el 14 de febrero a la vuelta, es raro que la ciudad no esté aún atascada de globitos rojos en forma de corazón leproso, rosas rojas encelofanadas a punto de marchitarse y chocolates con sabor a ébola en los puestos de afuera del Metro por donde atracan. Quizás es porque las cosas en el país no están como para enamorarse y usar ese sentimiento como motivación para salir a vivir la vida, lo cual es por demás preocupante.
Cuando no se tiene nada, cuando se es un ñango mental, cuando falta inspiración para hacer lo que sea, se recurre al amor, porque es un comodín emocional que permite que aquel que no debería tener cara para verse al espejo todos los días al levantarse salga de su casa optimista de que algo bueno puede pasar, por más improbable que eso sea.
Si lo anterior es cierto, el odio y el rencor podrían ser también buenas motivaciones para hacer las cosas con pasión, de hecho lo son, pero uno prefiere usar un sentimiento que en teoría es positivo, aunque esté falsamente representado por objetos que cuestan 15 varos en un semáforo y que se regalan con el único fin de que el objeto amado afloje el tesorito. Es decir, que si en esta ciudad ya no hay amor ni del barato, las cosas comenzarán a ponerse mucho peor porque los chilangos nos comenzaremos a dar cuenta de lo miserables que somos ahora que no tenemos una venda de corazoncitos en los ojos.
¡Chá!
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Mario Manterola
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domingo, 4 de enero de 2015
¿Propósitos de Año Nuevo?
El lunes la vida comenzará más temprano. El despertador sonará por ahí de las cinco de la mañana y aunque suene una de Luis Miguel, en la mente de quien la oiga parecerá la de Rocky, porque servirá de motivación para abandonar el confort de la cama, calientita después de toda una noche de pedorrearla con la digestión del recalentado, y salir a hacer el oso tratando de cumplir el propósito que no se cumplió en los últimos 16 años y que muy probablemente dentro de dos semanas sumará un nuevo fracaso: hacer ejercicio.
Ya sea en la pista con grava de un parque público o la banda sinfín de la caminadora de un gimnasio muy acá, a los 15 minutos el pulso se acelerará hasta el límite del infarto, los pulmones colapsarán y las terminales nerviosas harán corto circuito como diablito de tianguis, en señal de que toda una vida de sedentarismo y hueva no se cura con un buen propósito de Año Nuevo, aunque haya sido un trote de apenas un kilómetro de distancia.
Lo que viene a continuación es más divertido: cuando los atrofiados músculos comienzan a relajarse se genera un escozor en la piel, que primero es como esa sensación chistosa de hormiguitas y luego de convierte en un ataque de picotazos de alacrán duranguense, después viene un dolor en las articulaciones provocado por el ácido úrico, alebrestado por el repentino movimiento intenso del puerco humano. Al día siguiente las piernas dolerán de las nalgas al tobillo y será momento de rendirse y aceptar la triste realidad de la obesidad comodina.
¡Chá!

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Mario Manterola
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martes, 9 de diciembre de 2014
Fuera por chafa
Jesús Rodríguez Almeida no renunció a la Secretaría de Seguridad Pública del DF por haberse mostrado abiertamente autoritario y represor al enaltecer la actuación de sus elementos en las manifestaciones por Ayotzinapa, en las que los de azul madrearon y aprehendieron a los que marchaban en paz e ignoraron a los encapuchados que a pedradas irrumpieron en las tiendas para robarse unos pingüinos y unas cocas, aunque éstas fueran el elixir del capitalismo salvaje.
La verdadera razón por la que el jefe de la Policía del DF ya no lo es más, es porque sus pinches alarmas vecinales no sirven ni para juguete del perro, mucho menos para alertar sobre una emergencia y que le caigan las patrullas a mi casa cuando se meta un ratero a clavarse mis estampitas repetidas del álbum del Mundial pasado.
Me la dieron la semana pasada y, según dice el manual, procedí a activarla cinco días después, pero por más que le apreté al botoncito la central de emergencias nunca me devolvió la llamada y tras dos horas de intentarlo decidí arrancar la méndiga caja metálica de la pared para ponerla al lado de mi cama, así cuando un violador irrumpa en mi sacrosanto hogar pueda yo agarrarlo a alarmasos hasta sacarle el cerebro, porque sé que la tira no se presentará a ayudarme, y menos ahora que se quedó sin líder, aunque éste haya aspirado a ser como el Negro Durazo.
¡Chá!
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Mario Manterola
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miércoles, 15 de octubre de 2014
Quiero ser un perrito
Si uno busca en el diccionario la definición de "ojitos tapatíos" se encontrará con una foto de ella, de su rostro de proporciones perfectas y una figura que le da sentido a miles de años de evolución humana. Amante de los animales, simpática a más no poder y, por si fuera poco, amante de la lucha libre, Miroslava Luna es ahora, justo en este momento, en este plano existencial, la mujer perfecta.
Es el tipo de chica que uno sueña con presentarle a su mamá, sólo para que ésta sienta orgullo de haber parido a alguien digno de tal milagro, en vez de esas que al llevarlas a la casa sólo provocan que las madres se suban a su cuarto a llorar por la desgracia de sus hijos. Al verla caminar por la calle como un simple mortal más uno luego luego echa a volar la imaginación, sintiéndola alcanzable, posible, real, pero cuando se presenta como la edecán que todos los viernes por la noche desfila en bikini por la pasarela de la Arena México, como que el sueño se desvanece un poco, no así el enamoramiento.
Originaria del mero Guadalajara, es modelo, bailarina y hasta diseñadora de modas. Sabe que eso de pasearse en trapos diminutos sosteniendo una cartulina con un número sobre su cabeza no es para siempre, por eso no se aleja demasiado de los estudios de danza y el arte de formar nuevos talentos sobre la pista de baile. No es una belleza a la que le guste eso de los costalazos, nunca lo haría, quizás porque valora mucho su perfección y qué bueno, así uno se dedica sólo a admirarla y no a preocuparse porque le hagan algo que dañe su carita, como ocurre con las luchadoras sexys.
Al hablar con ella de frente, cara a cara, hipnotizado por la profundidad de sus bellos ojos, pude notar una pequeña, casi imperceptible cicatriz en el labio, justo debajo de la nariz, que el maquillaje no alcanza a ocultar del todo a corta distancia, que es el lugar a donde muchos quisieran ir pero sólo pocos hemos sido los afortunados de percibir de cerca el olor de la seducción inconsciente.
Además de todo, por si fuera poco y faltara algo más para enamorarse perdidamente de ella, ponerse de tapete en un bache para que pase ella con su coche, es una amante empedernida de los animales, sobre todo de los perros, por ello constantemente realiza colectas de alimento para mascotas entre los miles de seguidores que tiene en las redes sociales y lo que junta es donado a los varios refugios que existen en el Distrito Federal y su ciudad natal, que tampoco han de ser pocos.
Ya si uno no aspira a estar con ella, por lo menos sí a ser su perro, aunque no fuera de raza, para que ella te abrace y te acaricie el lomo, te cargue y te dé de comer, te bañe con una tina en el jardín y al terminar juguetear con ella entre el agua tibia, lamerle le cara y que responda con una sonrisa complaciente, moverle la cola (la propia) y al final del día, tener la fortuna de dormir a su lado echo bolita, aunque sea por encima de la colcha, para guardar sus sueños y protegerla en la noche de cualquier hijodesumadre que pretenda hacerle daño.
Mientras la posibilidad de convertirse en perro no se concrete, uno se debe conformar con verla en la televisión los fines de semana o de lejos en las funciones de la México o la Coliseo, junto a la bola de calientes como uno que distraen la vista de las acciones sobre el ring de batalla cuando las bellas se pasean y alegran la vida entre caída y caída.
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Mario Manterola
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miércoles, 25 de junio de 2014
Calakmul
Los mayas sí eran bien chingones, me dice mi dizque guía al llegar al centro de la zona arqueológica de Calakmul, un día después de que ésta fue nombrada Patrimonio Mixto de la Humanidad, que quiere decir que está bien chido todo. Esa fue su conclusión, luego de destrozarme el culo por traerme una hora y media dando brincos y sentones en el asiento trasero de su motocicleta, que era la única forma de llegar hasta ahí sin gastar lo que guardaba para la comida de la semana.
Cuando se dio a conocer la noticia del nombramiento, por parte de la UNESCO, dije ¡chinguesumadre tengo que ir!, y esa misma noche me lancé desde la ciudad de Campeche al municipio de Escárcega, que está a dos horas y media en carretera en un autobús ADO, porque en camión de segunda se hacen tres horas y cacho. De madrugada me metí a tratar de dormir un rato a un hotel donde seguramente sólo por usar las sábanas me dio Sida, para levantarme temprano y agarrar el chimeco de las ocho rumbo a Xpujil, que es otro de esos pueblos perdidos en la selva. En medio de ese viaje me tuve que bajar en una comunidad de menos de cien personas llamada Conhuas, que es desde donde se entra a Calakmul, mediante una veredita de 60 kilómetros entre jaguares, pavos salvajes, changuitos y cuanta bestia exista en la reserva de la biósfera.
Ir todo fashion con un viaje contratado en una agencia sale en por lo menos seis mil pesos, pero llegar apestoso y maldormido como lo hice yo (un hombre de-a-de-veras) salió en menos de mil, aunque con una probable lesión en la columna y un dolor en las patas por tener que trepar tres pirámides más altas que la del Sol en Teotihuacán, además de ser picado por un insecto que seguramente me dará una enfermedad de esas que sólo el Doctor House podría descubrir y curar.
Cuatro horas y dos infartos después, además del viajecito en moto otra vez, tuve que correr a una parada de camión para agarrar el último que iba a pasar por ahí nuevamente, para llevarme al pueblote y de ahí en autobús, para llegar todo fumigado a mi casa de rancho, contento por compartir la sabiduría milenaria de los mayas, que sí eran bien chingones para hacer piedrotas, aunque básicamente fueran cazadores y recolectores supersticiosos e híper violentos.

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Mario Manterola
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jueves, 5 de junio de 2014
Esa cloaca llamada Campeche
Ciudad colonial del siglo XVI caracterizada por una muralla y coloridas casas en su centro histórico, que al mojarse se convierte en una letrina. Esa es Campeche, una capital que, además de estar de absoluta hueva, tiene la insana costumbre de ser soluble al agua, a pesar de estar a la orilla del Golfo de México, a donde van a parar toneladas de basura, porquería y meados, pues todo lo que desechan va a parar a la bahía.
Con el paso de la tormenta tropical Boris por la península y un canal de baja presión en el Caribe, desde el martes no ha dejado de llover un instante y al mar, ese que ni olas hace, no le ha dejado de caer cagada. Desde el año pasado, los gobiernos estatal y municipal arrancaron un proyecto llamado “Megadrenaje”, el cual pretende solucionar los problemas de inundaciones de cada temporada de lluvias, cuando cientos son desalojados de sus casas anegadas y muchos más huyen de los cocodrilos que por ahí rondan, sin mencionar que las calles se convierten en un bache del que uno podría no salir nunca. Sin embargo, ese ducto que se supone debe recolectar toda el agua pluvial desemboca en la bahía, junto con toda la basura que recolecte en su camino a lo largo de cuatro kilómetros.
Días antes de la inauguración comenzaron las primeras lluvias, lo que retrasó la entrega, y una vez funcionando, se dieron cuenta que no había ningún tipo de filtro en el camino para evitar que el mar se convirtiera en una sopa maruchan gigante, con bolsas, latas y botellas flotando por todas partes, como ocurrió. Su brillante solución fue colocar una reja en la desembocadura para detener toda la mugre, pero como no estaba planeado desde un principio, improvisaron una malla como la que puede uno comprar en cualquier tlapalería, la cual aguantó el torrente menos de cinco minutos, porque los campechanos son muy puercos y dejan un chingo de basura tirada por ahí, y si se los dices, como lo hizo una funcionaria, se ofenden como señoras a las que no saludaste al llegar a la fiesta.
Es así que, la bahía de Campeche, a pesar de no tener playa y en lugar de eso unas piedras verdes que amenazan con matarte si te metes a chapotear, también es un tiradero de desperdicios más grande que el Bordo de Xochiaca, pero no les digas nada a los campechanos porque se encabronan.

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Mario Manterola
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martes, 20 de mayo de 2014
Me la llevo campechana
Una semana ha pasado desde que un repentino ataque de moralidad me dio, secuestrándome para venirme a tirar a Campeche como los plagiarios exprés que después de pasear a su víctima por los cajeros automáticos van a dejarlo al lugar más remoto y culero que se saben... y no me he muerto ni me he suicidado.
Los días son eternos y las noches frescas no tanto, porque amanece como a las cuatro de la mañana y los putos pajaritos te lo hacen saber a gritos que le impedirían dormir hasta un Snorlax (saca tu pinche referencia ñoña), y del sol no me he quejado lo suficiente, sólo espero que no me empiecen a salir manchas en la piel que se conviertan en cáncer, porque aún vistiendo camisas de manga larga sientes cómo la radiación atraviesa la tela para quemarte hasta los vellitos del culo sin piedad.
Alguna vez me pregunté por qué a los tacos combinados se les decía "campechanos", y ahora entiendo que es porque aquí a la gente le vale madres todo, porque eso de vivir en un sartén y sin tener nada qué hacer o a dónde ir los ha hecho tan huevones que les da lo mismo que les pongan suadero, longaniza o reata, total ellos se lo van a terminar tragando.
Si no es casualidad que aquí nunca haya perdido el PRI, porque a estos güeyes les da fiaca hasta cambiar de gobierno, por eso un periódico como el que yo edito es tan textoso y pesado, porque como no salen por el calor y no hay un lugar cercano en el cual invertir su tiempo, los campechanos leen un chorro, más aún si es gratis como La Opinión.
La actitud campechana o campechanía de la que tanto hablan, eso que tiene la gente de aquí que los hace tan apacibles, no es otra cosa que producto de la geografía y el mundo que les ha tocado vivir, porque a pesar de estar frente las aguas cálidas del Golfo y en una zona tan económicamente activa, ni playa tienen para entretenerse un rato, porque el mar no tiene arenita donde revolotear y en vez de eso hay unas piedras verdes cubiertas de algas que amenazan con partirle el cráneo a todo aquel que intente echarse un clavado.
Yo, por mi parte, corro el peligro de convertirme en un pasivo observador de la vida, porque hasta para platicar son huevones estos güeyes, que se sacaron de pedo cuando le grité "pinche negro" al güey que anotó un gol de Pachuca en la final contra el León. No echan desmadre, no platican entre ellos, sólo se vienen a arranar aquí a la redacción porque hay airecito. Lo preocupante es que yo ya la pienso dos veces antes de salir por algo de comer.
Seguiremos informando, si es que no me da hueva a mí también.
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Mario Manterola
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miércoles, 14 de mayo de 2014
¿On toi?
Esa pinche incertidumbre de no saber si documentaste bien tu equipaje, de pensar mientras esperas abordar que tu maleta con calzones limpios llegará a alguna otra parte del mundo lejos de tus nalgas, arrepintiéndote de haber dejado ahí también cosas tan importantes como el cargador de tu teléfono celular. Horas después, se te frunce el acá cuando pasan al perrote por la banda transportadora olfateándote tu petaca en busca de droga, que afortunadamente está entre tus calcetines apestosos y hasta la nariz más educada se guacarea con lo podrido de ese queso.
Total que ya estoy en Campeche. ¿Haciendo qué? No tengo ni la más re-prostituta idea de cómo vine a parar aquí, pero el hecho es que al bajar del avión me recibió un gordito con cara de Maya transgénico que me trepó a un camionetón que, si no fuera porque traía logotipos de un periódico, pensarían que me estaban levantando los zetas. Ahora que el cabrón no me llevó a mi hotel a descansar del viaje de madrugada que tuve que hacer, porque para despegar a las nueve hay que llegar a las ocho a más tardar en el aeropuerto, lo que significa morir un poco en el tráfico, sino que me trajo directo a la redacción de los diarios El Expreso de Campeche y La Opinión de Campeche, donde luego luego me presentaron como Don Chingón, como el salvador del periodismo del sureste, el redentor de la verdad y el amo del cabeceo certero, además de señalarme a la competencia que hay que tumbar, entre los cuales no figura ni tantito el diario Campeche Hoy (ándele perros).
Entre los grandes contratiempos de estar aquí, que se cuentan por chingos, destaca el hecho de que no puedo caminar dos cuadras durante el día sin que me suden los sobacos lo suficiente como para bañar a un perro de raza pequeña. El sol es una mentada de madre, desde muy temprano ya te está queriendo matar con pequeñas dosis de melanoma en la nuca, obligándome a andar por la sombrita como señorita con su paraguas y sentenciado a caminar chistoso durante toda mi estancia, porque la parte que más se humedece e irrita es la de las ingles, provocando una mancha en mi pantalón que pareciera que ando zurrado todo el tiempo.
Estoy en un hotel en el centro que está bastante dos dos, pero a partir del domingo tendré que vérmelas por mi cuenta y vivir como los animales, cobijado por la noche y los cánticos de insectos y cuanto insecto rastrero ande por ahí, además de los cocodrilos que salen en la temporada de lluvias a ver a quién le arrancan una pata.
Era esto o darme un balazo. La gente se pregunta por qué me fui y yo también, porque me cuesta aceptar que tan harto estaba de todo que tuve que huir cientos de kilómetros para no ser señalado como aquel que no pudo enfrentar sus problemas con el mundo y consigo mismo, por lo que ahora me mantengo ocupado espantando moscos a pedos mientras duermo, para no morir de dengue o alguna de esas enfermedades que dan en parajes costeños como este.
¡Seguimos informando!

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Mario Manterola
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lunes, 5 de mayo de 2014
Si ya saben cómo me pongo, para qué me invitan
Desde que llegué a dejar el coche a un lote baldío señalado como estacionamiento por una cartulina fluorescente pintada con plumón dije ¡ya valió madres! Considerando que estaba yo en el centro de Ecatepec, desconfié del ruco que me dijo que ahí iba a estar mi vehículo seguro, que no había problema, lo que me hizo salir cada hora a ver si ahí seguía, aún con el riesgo de toparme un comando armado que me confundiera con uno de sus contrarios.
Una boda, una pinche boda y ahí estaba yo, vestido como monigote con ropa que ya hasta brilla por ser la única formal que tengo, sin mencionar que ya ni me queda y todo el tiempo me la pasé tratando de no flexionarme de más para no reventar las costuras en partes estratégicas de mi anatomía. No me pude negar y decir que me cagan ese tipo de eventos, porque, la verdad, me iría peor y ahorita estuviera escribiendo de cómo me madreó una morra de la mitad de mi tamaño.
Mi expresión se veía serena y por momentos hasta alegre, pero el temblor de mis ojos y lo apretado de la quijada evidenciaban que por dentro estaba gritando, con ganas de salir corriendo, mentarles su madre a todos e irme a ver cómo eliminaban al América. Pero ahí me quedé, posando para las fotos y disfrutando de mi arroz con carnitas, aunque sin salsa porque los condimentos estaban del otro lado de la mesa y me caga hablarle a desconocidos. Aguanté heroico el embate del ridículo constante, presente en cada inútil rito tradicional.
¡Uts!

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Mario Manterola
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jueves, 24 de abril de 2014
Infelices y nacos también
Ahora resulta que es noticia que los jóvenes capitalinos seamos infelices (oi al pinche anciano), tal como lo reveló una encuesta dada a conocer el martes, difundida ayer y retomada hasta hoy por mí, que son un huevón. Lo interesante y que sí es noticia es que, entre todos los motivos que hay en este mugroso pueblote para deprimirse, es la falta de instrumentos tecnológicos que les permitan estar conectados a internet, aunque la mayoría informe tener acceso a ese medio.
Es decir, que muchos de los morros andan de jeta porque no tienen una tableta, un teléfono inteligente, una laptop o una consola de videojuegos para andar subiendo selfis a Twitter o EzkRibirr Azi koMo rEtrAZaDoz en Facebook, donde convivirán más que en la escuela, además de que no tener esos dispositivos móviles les impide andar escuchando bachatas a todo volumen en el Metro o tomándole foto a sus tacos de canasta o hacer videos echándose un pedo en un encendedor para subirlos a YouTube.
En las cifras queda claro que en el DF se coge y mucho, además de que los chavos se drogan y chido, pero que les dé el bajón no tener un iPhone es otro motivo para deprimirse, más aún cuando la encuesta arroja que el 30 por ciento no tiene trabajo ni piensa tenerlo nunca.
Todo lo anterior, por lo menos para mí, que tengo menos de 30 y no puedo presumir ningún logro personal o profesional por falta de capacidad y talento, es un motivo más para jalarle al gatillo y tirolear la pared con mis sesos.
¡Chá!
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Mario Manterola
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jueves, 3 de abril de 2014
Estoy súper ofendido
Con la novedad de que Radio Trece, estación propiedad del empresario Carlos Quiñones y que se puede escuchar a través del 1290 de AM, festejó ayer su 20 aniversario de estar al aire. Para ello, reunieron a todos aquellos que han estado detrás de sus micrófonos a través de sus dos décadas de historia, desde Abraham Zabludovsky hasta Daniel Bisogno, pasando por Javier Solórzano, Chucho Gallegos y Freddy Gudinni, además de Carlos Loret de Mola, André Marín, Javier Alarcón y hasta el subnormal de Gusano Amorfo Infame.
El haberme enterado hasta cuando el evento terminó me tiene ofendido hasta los huesos, pues yo también formo parte importante de esa historia, con mis tres años laborados en esa mansión de la calle Emerson, en Polanco, aguantando hasta cuatro quincenas sin cobrar, turnos suicidas nocturnos con espíritus chocarreros incluidos, sin mencionar el acoso del Fabiruchis, que te chacaleaba con la mirada cuando ibas subiendo la escalera.
Sin embargo, me queda el orgullo de pertenecer a una gran escuela de talentos periodísticos y el recuerdo de aquellas fiestas de fin de año en las que terminábamos hasta nuestra madre y aún así seguíamos al aire, de la vez que transmití totalmente drogado desde el Vaticano una misa del Papa Benedicto XVI o cuando al final de las navidades agarrábamos a madrazos el arbolito, de las chelas en la cabina de grabación o el retrato que me robé de la doctora Diane Pérez o la moto en la que me rompí la madre.
¡Felicidades!

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Mario Manterola
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lunes, 24 de marzo de 2014
Un oasis en el desierto
Con todos los teiboldans de la ciudad cerrados por miedo a la mano represora del jefe de Gobierno Miguel Ángel Mancera, miles han tenido que aceptar lo patético de sus vidas y encerrarse en su casa a fantasear con mujeres a las que ahora ni siquiera pueden pagar por ver. Otros tantos se han dedicado a peregrinar por todos los tugurios en busca de ese placer perdido, con el riesgo latente de contraer Sida en los ojos al tener que ver a cada araña trepada en un tubo sin saber manejarlo.
Para todos aquellos, hay un lugar al sur de la ciudad que se arriesga y le escupe en la cara a Mancera Espinoza y su política represora de la carne. Se llama Chateau (se pronuncia "cható"), que en francés, supongo yo, quiere decir "pelos", o algo así. Está sobre Insurgentes Sur, casi al cruce con Barranca del Muerto, en la colonia Florida, donde las chicas bailan libremente y presumen su libre albedrío y con movimientos sugerentes dejan en claro que para hacerlo nadie les está poniendo una pistola en la cabeza... bueno, un arma de fuego.
Está bastante decente, las chavas son de siete a nueve de calificación, los pomos están medio manchados y los boletos andan arriba de los 200 varos, pero como no hay otras chichis dónde ir a restregar la cara en un cubículo oscuro, uno los paga gustoso, aunque haya que inyectarse penicilina en la mañana. Lo que pasa con los teibols es como lo que ocurre con el limón, sólo que hasta ahora no nos hemos quejado lo suficiente.
¡Chá!

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Mario Manterola
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miércoles, 5 de marzo de 2014
Justicia antes del sábado
El próximo sábado 15 de marzo se casará mi amigo Alfrodolfo (así le pusieron sus papás, yo qué) con su güera, y antes de que todo valga madres y me lo regañen por cualquier cosita, planeaba llevármelo este fin de semana al Queens (Insurgentes y Durango) a gastarme los ahorros de una vida en unas rusas de nalgas impresionantes y seis litros de pulque intravenoso, para salir al otro día reptando entre las calles de la colonia Roma y agarrar fuerzas para no desmayarse cuando el cura le pregunte si acepta ser tratado como un imbécil para el resto de su vida.
¡Pero no! Resulta que el Queens, el mejor maldito teiboldans de toda la ciudad, está cerrado a causa de la necedad de las autoridades capitalinas, que a pesar de ser perredistas piensan con más cerrazón que panistas del yunque, porque no pueden concebir la idea de que una mujer se gane el pan con el sudor de sus chichis al restregarlas en las caras de señores desconocidos por gusto y no porque las estén obligando a hacerlo.
El Gobierno del Distrito Federal, en su lucha a ciegas contra la trata de personas, está afectando no sólo a las mujeres y sus familias que viven de bailes eróticos en un tubo, sino también a los miles de parroquianos, como yo, que sólo buscamos un rato de sana diversión en oscuros lugares que, por cierto, sí cumplen con los lineamientos que marca Protección Civil para operar como establecimientos mercantiles. Creo que terminaremos en un Sanborns echándonos unas enchiladas.
¡Chin!

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Mario Manterola
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martes, 4 de marzo de 2014
Presos políticos, ¡libertad!
El domingo la policía trató de impedir, con balazos al aire y madrazos, una segunda manifestación callejera en apoyo al Chapo Guzmán en Culiacán, Sinaloa. Eso es vil represión y una violación a la libertad de expresión, de la que tanto se presume en este país y la que nos mantiene lejos de dictaduras como Venezuela y Cuba, además de que vulnera los derechos humanos y, sobre todo, constituye una tremenda hipocresía.
Sí, está mal apoyar a un criminal, por más beneficios que el dinero sucio haya traído a la comunidad, pero es, en esencia, lo mismo que marchar o plantarse en una plaza pública para exigir que no se apliquen exámenes a los maestros y que éstos puedan echar a perder a la niñez mexicana con su falta de preparación y aptitudes, pues muchos de ellos heredaron la plaza a pesar de no saber un culo de pedagogía.
Ambas posturas deben respetarse y tolerarse dentro de los lineamientos que marcan la ley (oi al pinchi abogado), es decir, dejar que salgan a la calle y griten sus pendejadas, pero cuando saquen sus machetes y pretendan cerrar una calle, tomar un edificio o agredir a terceros, ahí sí deben entrar los de azul a repartir toletazos a cuanto cabrón se encuentre haciéndola de pedo, cosa que tampoco se hace cuando se debería.
La actuación de la policía sinaloense el domingo sólo evidencia un mal que preocupa y ofende: la justicia en México es estúpida. Luego por qué los acusan de represores, cuando en realidad son una bola de jotos.
¡Chá!

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Mario Manterola
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lunes, 3 de febrero de 2014
Aún no lo puedo superar
El pecho flácido de Miguel Ángel Mancera es traumático, es como una idea suicida que no puedes sacarte de la cabeza, como el antojo de una embarazada que no es saciado. Esa imagen, en la que el jefe de Gobierno del DF demuestra que en su primer año de gestión se la ha pasado tragando pozole de chivo y ha olvidado el ejercicio que le dio la buena forma que lo llevó a ganar sin discusión la elección pasada.
Mancera Esoinoza es, sin duda alguna, el Edgar se cae de la era moderna. Han pasado cuatro días desde que el mandatario se sacó la chichi para que su secretario de Salud lo vacunara contra la influenza y los chistes no se han agitado y habrá para toda la semana, desde los comparativos con Sabrina Babrök hasta los sostenes con photoshop, pasando por las burlas a su cara de menso mientras le va entrando la aguja a la flácida carnita de su brazo guango de tortillera.
Sin embargo, lejos de enojarse o dejarlo para que se olvide con el tiempo o con la llegada de algún otro personaje patético, sus chichis de gordo deberían ser una oportunidad para revivir su popularidad, que tan decaída está. En un país en la que estar bien marrano es la constante, Mancera debería ser ese ejemplo de superación para todos esos viejos guangos que ya se resignaron a aplaudir con sus carnes cada vez que corren detrás de la combi, demostrando que se puede regresar de la obesidad y, si le echa más ganas, podría también en poner en orden este mugrero de ciudad.
¡Chá!

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Mario Manterola
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jueves, 23 de enero de 2014
Aváncenle jijos de la...
Un hombre de avanzada edad, que bien cabría en la definición de "venerable anciano", deshace sus puños tirándole madrazos furiosos al volante, antes de entrar en una fase superior de desesperación en la que su frente termina estrellándose en el claxon para tocar mentadas de madre cargadas de frustración sangrienta, al llevar hora y media parado en el Periférico con rumbo al norte, a la altura de la Feria de Chapultepec.
Como él, una larga colección de rostros compungidos y gestos de hartazgo a lo largo de varios kilómetros sumaban una cadena de odio tan grande como el boquete en Conscripto que cerró completamente la circulación en los carriles centrales, conmocionando con ello todo el poniente de la ciudad, desde más allá del Viaducto.
Yo, que venía en el sentido opuesto con rumbo hacia mi casa en el sur, procedente de amanecer en algún congal barato de Tultitlán, no me quedaba de otra más que burlarme de todos aquellos que lloraban de rabia al ver arruinado su día entero a causa de una fuga de agua. Lo malo es que yo no fui el único ojete que lo hizo, pues además de bajar la velocidad para ver el hoyo del otro lado, los de éste desaceleraban para agradecer en la jeta de los otros que no fueran los afectados, por lo cual también se hacía tráfico.
La lluvia de insultos terminó más allá de San Jerónimo, inexplicablemente porque habiendo tantas formas de evitar la zona y de enterarse de la bronca, todo el mundo insistió en pasar a huevo por el desmadre.
¡Chá!

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Mario Manterola
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miércoles, 15 de enero de 2014
Vienen las autodefensas
San Lorenzo Tlacoyucan es la tierra de la nada (en realidad quiere decir en náhuatl "lugar lleno de hierba"), un pueblo perdido y olvidado en la delegación Milpa Alta, de esos que no se cree que todavía pertenezcan al DF y a eso que llaman Ciudad de México. Está sobre la carretera a Oaxtepec, arriba en el cerro, donde ya ni nopales hay, se llega mucho después de pasar San Pedro Atocpan, capital mundial del mole, y antes de Sana Ana Tlacotenco (donde yo nací), que aunque ese se ve más lejos, está más cerca al centro de la demarcación. Ahí, donde las aves van a morir, acaba de ocurrir una masacre que advierte lo que viene.
El lunes, un campesino asesinó a sus tres hijos y a su esposa para después volarse la cabeza de un escopetazo al estilo Kurt Cobain. No fue un hecho que deba pasar desapercibido en las páginas de nota roja de los periódicos, pues las causas distan mucho de la locura y se acercan más a la realidad nacional. Según dicen, el asesino-suicida estaba siendo extorsionado por un grupo delincuencial mediante llamadas telefónicas que lo amenazaban con muerte si no pagaba por la protección a su familia y, como no tenía lana, decidió acabar con todos.
Durante los últimos años ha aumentado la presencia de grupos armados en la región, que si bien no son tan visibles como en otros estados, la cantidad de gente que se queja por el acoso que reciben da cuenta del problema que se avecina, el cual puede desembocar en algo como Michoacán.
Víctor Hugo Monterola (sin ningún parentesco, además de que mi apellido se escribe con "a" y no nací con un cromosoma de más), Francisco García y José Luis Cabrera Padilla, los tres últimos jefes delegacionales en Milpa Alta, han dejado crecer el problema del crimen organizado en la región más alejada y olvidada del Distrito Federal, que al aún ser una zona rural es susceptible de presentar ese tipo de problemas sin que nadie se entere.
Desde hace años, por lo menos un sexenio completo, varios han sido los comerciantes de pueblos como Santa Anta Tlacotenco, San Lorenzo Tlacoyucan y San Juan Tepenahuac que han denunciado que grupos de hombres armados se han presentado en sus negocios, desde carnicerías hasta puestos de tortas, para exigirles el pago de una cuota por protección argumentando ser miembros de un importante cártel, antes eran los Beltrán Leyva y ahora son Los Zetas, lo cual es atemorizante por la alta probabilidad de ser cierto, pues la región está en los límites con el estado de Morelos, tierra históricamente azotada por narcos.
El multihomicidio del lunes pasado, en el que un hombre mató a su familia por la desesperación de pagar los 300 mil pesos que una voz en el teléfono le pedía, es claro ejemplo de ello y de cómo las autoridades locales no están preparadas para enfrentar un problema similar, al preferir evadirlo pensando que por ser una demarcación tranquila de nopales y vaquitas nada tan horrible puede llegar a pasar.
¡Uts!

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Mario Manterola
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