No es el cobro de un penal en la final de la copa del mundo, tampoco un trasplante de corazón, un rescate de un herido dentro de algún edificio cayéndose, una negociación con un terrorista o siquiera un juego de Jenga, pero el que esté bien culera la película de Batman Vs Superman duele más que fallar en cualquiera de las cosas antes mencionadas.
Si la nueva de Adam Sandler no hace reír ni a un marihuano no hay bronca, ya vendrán otras. Pero esto es Batman Vs Superman, que es algo así como si el América de Beenhakker se enfrentara contra el Holanda del 74; uno espera que sea un súper partidazo, con goles de pocamadre, jugadas mamalonas y estrategias chingonas, y si termina siendo un Morelia – Santos cualquiera, eso sí calienta.
Las fallas en la historia las han mencionado todos, desde el ilógico hecho de que Gótica y Metrópolis sean tan cercanas como Satélite y Polanco, como el que la coincidencia entre el nombre de las mamás de Batman y Superman sea el motivo por el cual el primero le perdone la vida al segundo, pero ya el colmo es que Bruce Wayne no se haya cogido a Louis Lane teniéndola tan cerca, dándole a la bronca un motivo más allá de la simple xenofobia de un millonario al que le tiraron un edificio.
La trama parece haber sido sacada de la mente de un niño de esos que se hincan en la alfombra a jugar con sus muñequitos agarrándolos a putazos sobre su cabeza, y ni siquiera, porque hasta ahí hay más acción que en esa película que todos han ido a ver y niegan aceptar que es una basura tan grande como el presupuesto que tuvo.
Basta con decir que durante algunos minutos, entre cinco y 15, me dormí. Y cuando desperté, aún no pasaba nada. Incluso al final, cuando Superman muere en manos de Doomsday, uno se pregunta si es todo, si uno ya puede levantarse de la butaca y salir corriendo para llegar a ver Sabadazo o cualquier cosa que quite el sabor de boca de una historia mal contada.
Quizás no es culpa del director, el productor, los actores o quienes ya la fuimos a ver, sino de los personajes mismos, en especial del joto de azul y capita roja, porque el otro ha sabido adaptarse a la época. Superman desde que nació fue un personaje obsoleto, simple, aburrido y teto.
Lástima que la Mujer Maravilla no se encuera, lástima que Flash será chino y que harán película Aquaman, un personaje del que se burlan hasta en The Big Bang Theory de lo baboso que es. En resumen, Superman contra Batman es un cimiento débil de un edificio que se caerá con todos los personajes de DC Comics adentro.
domingo, 27 de marzo de 2016
Batman vs Superman vs yo
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Mario Manterola
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miércoles, 17 de febrero de 2016
La cartelera
Es la mamada de película. Ganará todos los premios Oscar,
Bafta, Basta, Nobel y TV y Novelas que quieran, pero es una cinta
engañapendejos. A Leonardo DiCaprio se lo coge un oso en medio del bosque
mientras él y sus compañeros escapan de una horda de indios ojetes que quieren
quitarles las pieles que acaban de juntar, tan vergueado lo deja que se lo
tienen que llevar en una tablita, pero a medio camino ya no lo aguantan y lo
dejan encargado con su hijo, otro morro y un hijodelachingada, magistralmente
interpretado por Tom Hardy, quien no quiere hacerse cargo de un lisiado y mata
al morro de Leo, provocando una ira tan cabrona que el güey en unos cuantos
días se recupera de todas sus heridas sólo para cobrar venganza, no sin antes
gatear de aquí a Toluca, nadar seis horas en un río congelado y aventarse de un
barranco con todo y caballo.
A esta sí le deberían dar un Pulitzer de menos, porque
romper con las películas de súper héroes con aires de profundidad es algo que
hacía falta. No hay escenas épicas, moralejas regañonas o historias de amores
imposibles, es pura acción cruda con chistes de pedos y caca, la mayoría sobre
Linterna Verde, el personaje de cómics que Ryan Reynolds, quien la hace
nuevamente de Deadpool, interpretó previamente con desastrosos resultados,
además de la versión chaquetera que él mismo personificó en Wolverine:
Orígenes. Es la mamada, pero en el buen sentido.
Es la parodia de Marlon Wayans de 50 sombras de Grey. Tiene
un chiste bueno: está castigando a la morra y le pone un trapo en la cara para
echarle agua, al estilo calentadita de judicial, entonces le pregunta ¿dónde
está el Chapo?... eso es todo. Es una mamada.
Es la prueba definitiva de que los fans de las películas de
Quentin Tarantino están bien estúpidos, pues éstos afirman que Hateful eight es
aburrida, que le faltan balazos o una nalga que reviente a todos a sablazos,
sin saber que la esencia de todas las historias de don Quentin están basadas en
los diálogos que construyen al personaje, en ciertos tics que tienen o en
algunas actitudes que construyen una historia dentro de la historia, que en
este caso es un western sobre caza recompensas y traiciones, con varios giros
de tuerca, unos predecibles y otros no tanto, con pasados falsos que el
espectador tiene que descubrir en cada palabra que dicen. Es la mamada de
película.
Es la mejor película de todos los tiempos, que chingue a su
madre El Padrino, El Ciudadano Kane, las siete de Star Wars, a la verga Casa
Blanca… Rocky 7 es una obra de arte sólo comparada con la creación del mundo
por Dios nuestro señor. Rocky 7 salió hasta en Los Simpson, cuando Bart no
sabía leer los números romanos y él mismo predijo que sería “la venganza de
Apollo Creed”, que en cierta manera es cierto, ya que su hijo viene a ponerles
en su madre a todos a punta de vergazos. Es la súper-hyper-mega-mamada.
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Mario Manterola
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Etiquetas: Películas
sábado, 19 de diciembre de 2015
Taaa tann tara tataa ta tara ta taaaaaaan
Aún si desde el tráiler nos hubieran dicho que el malo Kylo Ren era hijo de Han Solo y Leia, y que en algún momento iba a tener que matar a su padre; que Luke Skywalwer aparecería sólo hasta el final frente a Rey, que muy probablemente es su hija a juzgar por la Fuerza que hay en ella; que el Imperio se niega a morir, que hay una estrella de la muerte 20 veces más grande que la que ya se conocía y que puede destruir cinco planetas de un madrazo, además de que el robot BB-8 es más adorable que la ardilla de La Era del Hielo, todos iríamos a verla, porque Star Wars es importante y trascendental en la vida de todos los ñoños y no tan ñoños, con spoilers o sin ellos.
Se estrenó El Despertar de la Fuerza el jueves a las cero horas y yo estuve ahí, vestido de jawa con mi chesco gigante en vaso conmemorativo, sin ninguna pena porque todos en el cine traían atuendos más ridículos que el mío y con mucho menos presupuesto, pero compartiendo la emoción de quien verá la continuación de una historia épica en un mundo de añoranza que le da sentido a nuestras patéticas vidas terrestres.
Cinemex y Cinépolis deben estar muy enojados, porque desde que empezó la película todos nos zurramos en nuestros asientos por lo menos en cuatro ocasiones. Debió ser el estreno más molesto de presenciar, porque nadie se quedaba callado; parecía un partido de futbol en el que desde la butaca se echaban porras y se sufría, para acabar en un aplauso de pie, como si aquel gordo de bigotito indígena hubiera visto Turandot en el Metropolitan Opera House de New York y no la nueva de La Guerra de las Galaxias en un cine ñero en Tultitlán.
Han pasado 30 años desde la Batalla de Endor (la de los ewoks) y la República no ha podido ser instaurada. Como en la vida real, después de una revolución viene un periodo de incertidumbre, remanentes de una guerra civil entre quienes siguen fieles al régimen y se niegan a ceder el poder que tenían, y entre aquellos que deben empezar a formar un nuevo gobierno desde cero. Ya no hay Imperio Galáctico ni Alianza Rebelde; ahora es el Primer Orden contra la Resistencia, que es comandada por la general Leia Organa, luchando aún contra el lado oscuro de la Fuerza, en representación de un ente que aún no se conoce pero es maestro de Kylo Ren, porque entre los Sith siempre habrá dos, ni más, ni menos, siempre un maestro y un aprendiz. Pero nadie sabe dónde está Luke, desapareció en el exilio, derrotado por no haber podido restaurar la orden de los Jedi y traicionado por uno de sus alumnos que fue seducido por el lado oscuro; precisamente su sobrino, inspirado por la leyenda de su abuelo Anakin, mejor conocido como Darth Vader.
Esta historia, que la mayoría conocerá e irá a ver aunque se las cuenten por el simple hecho de que es visualmente atractiva, es un dramón loco que ya quisiera haber escrito Eurípides, Sófocles, Shakespeare, Pinter o Juan Osorio para producirla con unas nalgonas actuando una tragedia familiar que tiene todos los elementos para seducir a cualquiera, adentrándolo a un mundo en el que todo se resuelve a espadazos.
Sí, podrán decir que es un fusil del episodio IV, pero ese es el encanto, que se respeta el universo creado por George Lucas y que, como en la vida real, la historia tiende a repetirse pero en distintas formas; es un pase de estafeta a una nueva generación en la misma realidad, en la que muchos quisiéramos vivir porque en la que existimos nuestra vida es intrascendente.
Quienes la tenían y la querían ver, para este momento ya la vieron. Y si durará dos meses en cartelera es porque la verán (veremos) 15 veces más, junto a los que no la tienen como su prioridad pero terminarán adorándola. Los que no, que no estén mamando; ¡déjenos ser!
¡Chá!
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Mario Manterola
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miércoles, 4 de junio de 2014
Una patada en los huevos
La jaula de oro es, antes que nada, una obra maestra de Los Tigres del Norte que, al igual que la película que está en cartelera, habla del fenómeno migrante hacia Estados Unidos. La canción trata sobre un trabajador mexicano que está ganando muy bien del otro lado pero no puede hacer nada ni salir a la calle libremente por miedo a que lo vayan a agarrar y deportar, además de que entre tanto gringo como que no se haya, pero para llegar allá, a su “jaula de oro”, tuvo que pasar por un desmadre, que es precisamente de lo que trata la cinta laureada en Cannes y Morelia, además del Festival Internacional de Cine de Tlalnepantla, Estado de México.
Fue hasta que se llevó todos los premios en la pasada entrega del Ariel, apenas hace unos días, que decidieron estrenarla en los cines del país, a pesar de que en YouTube está desde hace varios meses y sin pagar un varo por verla en calidad muy aceptable. La jaula de oro ha generado tan buenos comentarios entre los mamones que se dedican a reseñar cine porque trasgrede todo aquello que se podría considerar “comercial” para vender una historia de migrantes en su camino al sueño americano. De entrada utiliza niños que no son actores y mucho menos famosos, que la hacen de centroamericanos y que uno de ellos ni español habla, no son personajes buenos luchando contra los polleros, policías y narcos malos, no presumen esa inocencia que fácilmente podría sacar un par de lágrimas, sino que los pinta como son: unos jodidos que no tienen otra cosa que hacer para no morir que viajar miles de kilómetros a un lugar que ni siquiera saben cómo es, además del hecho de que uno de ellos es un pinche morro ojete.
La película es una patada en los huevos, está hecha para que el que la está viendo sufra y se revuelque en su butaca porque el mundo y México así es de culero con los que viven aquí y más con los que vienen de afuera, que tampoco son unos angelitos. Y al final, luego de que ya sufrieron, sobrevivieron a machetazos, trenes, narcos y demás fauna mexicana, terminan en una jaula, que ya ni siquiera es de oro como la pintaban Los Tigres del Norte.
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Mario Manterola
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lunes, 2 de junio de 2014
Suicidio en pantalla
Al llegar a la taquilla del cine, con esas ganas que tiene uno de tirar dos horas de la vida a la basura como si nunca las fuera uno a ocupar, vi es póster del estreno de Cambio de ruta, una película con Sandra Echeverría y mi mente sólo pudo pensar en nalgas, por eso entré... eso y el hecho de que era la única función que iba a empezar temprano y qué hueva tirar el tiempo paseando por una plaza con las tiendas cerradas.
Desde que empezó la película supe que iba a ser una porquería, pues la introducción en animación como de programa para niños retrazados en un canal del gobierno ya avisaba de la falta de imaginación de sus realizadores para introducir la historia, con una canción que ni en drogas compondría Arjona.
El planteamiento de la trama es: Sandra Echeverría, que se cae de buena, es la mejor guía de turistas de la Riviera Maya pero sufre porque no tiene novio, a pesar de andar en bikini todo el tiempo y parecerse a Lara Croft (la chichona de los videojuegos de Tomb Rider). Vive junto al mar con su papá músico y su mamá vendedora de consoladores, porque algún guionista muy original se le hizo eso un gran detalle. Su mejor amigo es Héctor Jiménez, quien se consolida como el gran patiño del cine mexicano; lo hizo junto a Jack Black en Nacho Libre, como el Cacayo en Besos de azúcar de Cuarón y como el Charal junto a Eugenio Bartilotti en Fachon models, y aquí también es el personaje más simpático, aunque haga el mismo de siempre.
A la sabrosa le molesta un cambio en la empresa para la que trabaja, que es convertida en parte de un corporativo sin corazón que busca acabar con los manglares y toda la riqueza cultural de la zona, construyendo un hotelote bien chingón, propiedad de un mono ahí bien guapo, del que seguramente se va a enamorar, porque en el póster están los dos abrazados (dah). Por eso la ricarda se une a su amigo y crean su propia compañía de ecoturismo con la que defenderán a los mayas, así bien chingón.
Es más predecible que un discurso de López Obrador, cursi como la chingada (la chingada es muy cursi), tan llena de clichés como de rolas choteadas y por si fuera poco, llega Eric del Castillo a hacerla de sí mismo, como si no fuera ya un abuso cobrar 50 varos por el boleto.
No me salí nomás porque me acordé que afuera del cine estaba Campeche, una ciudad en la que no hay nada mejor que hacer que esperar bajo el sol a que llegue la muerte. Cuando me muera, voy a querer recuperar esa hora y media para despedirme de mi mamá o algo más productivo.
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Mario Manterola
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miércoles, 28 de mayo de 2014
Tráiganme un Pepto
Si se pudiera definir en una sola palabra la película X-Men: días del futuro pasado, esa sería “diarréica”, porque te cagas, te cagas, te cagas a cada rato de la emoción que te da que pasen cosas en la pantalla, que el Wolverine se abarate culeros con sus garritas de hueso, que salgan personajes de las anteriores películas y de las que vienen, que destruyan centinelas y todo para que al final, al mero final, ese que pasa después de los créditos, cuando la que hace el aseo en el cine ya puso su jeta porque no puede empezar a hacer como que barre hasta que te salgas, te recontra zurres al ver que la siguiente película, la que se estrenará en dos años, reunirá a todos en una pelea contra el enemigo más cabrón que haya salido en el cómic.
La premisa es muy simple: en un futuro no muy lejano todo valió madre, el mundo se acabó porque los centinelas acabaron con todo, gracias a que la humanidad estaba destinada a evolucionar y por eso todos fueron considerados una amenaza. Ante tal pedo, los X¬-Men sobrevivientes encuentran una manera de arreglar todo mandando la conciencia de Wolverine a su cuerpo setentero para que, ayudado por los jóvenes Charles Xavier y Magneto puedan evitar que el creador de los robots asesinos obtenga un ADN que definirá el futuro de la guerra entre especies. ¡Un desmadre!, pero que sirve de pretexto para pelas simultáneas en dos líneas temporales con efectos súper locos, poderes hyper bastardos y Jennifer Lawrence en chichis azules.
La película la dirige Bryan Singer, el director de las primeras dos de los X-Men y un joto acusado de chichifear actores en Hollywood y de hacer la peor película de Superman de la historia, pero Días del futuro pasado le quedó pocamadre por las constantes referencias al cómic, con la adaptación correcta al cine (en la historieta Wolverine muere en el futuro como en la página 3) y porque continúa con una historia que tiene 14 años de haber iniciado, mismos en los que han habido dos Hombre Araña, tres Hulks, dos Superman, dos Batman (contando a Ben Affleck), dos War Machine (el cuate de Iron Man) y 16 muertes de Chespirito, por lo que la que viene cerrará un ciclo que ahuevo que voy a comprar en cajita de edición especial con 12 blue rays a 8 mil pesos en el Mix Up.
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Mario Manterola
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martes, 27 de mayo de 2014
Gñiaaaaaaaa
Así como hay europeos que le rinden culto a las películas del Santo, hay güeyes de este lado de mundo que se vienen en seco con las de Godzilla, el monstruo japonés que hace que todo valga madres cuando se aparece a agarrarse a madrazos con otras creaturas radiactivas, aunque eso parezca más un capítulo cualquiera de los Power Rangers. En ambos casos, el encanto de las cintas radica en lo malas que son y bajo esa premisa, la que está ahora en el cine sobre la lagartijota gruñona es la peor que se haya hecho, porque les quedó bien buena.
Se dudaba de la calidad e integridad de Godzilla 2014 porque, basados en el anterior intento de los gringos por apropiarse de la franquicia, los fans temían que Bryan Cranston, el señor White de Breaking Bad, le fuera a robar atención al verdadero protagonista de la historia, pero ese miedo se diluye como a la media hora, cuando se ve que el papá de Malcolm es sólo mero detonante de toda la trama y que la imagen del actor fue incluida en el tráiler sólo para crear expectativa. Si algún humano se puede jactar de aparecer de principio a fin es Ken Watanabe, pero ese a nadie le importa.
¿Querían monstruos? Además de Godzilla salen otros dos, para que los fans no anden chillando. ¿Pedían el rayo laser? Ahí está, con todo y calambre desde la cola. ¿Gruñido? Sí gruñe y un chingo. ¿Edificios destruidos? Los hay y por montones, de hecho, se puede decir que la película recrea todos los daños que provocan las peleas en las japonesas, sólo que desde un punto de vista más realista, sin las maquetas de cartón que se truenan entre chispitas, generando millones de dólares en pérdidas y de víctimas mortales, creando drama que las de culto no tienen, pues se basan sólo en los madrazos. Incluso, para darles gusto a esos nazis del cine de monstruos, hay varios guiños a las clásicas, como la forma de matar a uno de los malos, el movimiento del colazo asesino y hasta la forma en la que desaparece.
Godzilla, la que está en cartelera en estos momentos, es una gran película que emociona, que tiene historia, actuaciones y mucha acción, eso no le ha gustado a los fans porque Godzilla ya no les pertenece, porque esta versión nueva es tan buena que ampliará su base de fans a partir de ahora, arrebatándoles eso que los hacía especiales, porque a quién más le iba a gustar un monstruo que desbarata edificios de cartón bajo los pretextos más estúpidos.
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Mario Manterola
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viernes, 13 de septiembre de 2013
Las nalgas de Ari Borovoy
Así se debería llamar la película 'Deseo', que se estrenó este fin de semana en la cartelera nacional, porque de eso se trata: de verle el culo peludo al cantante de OV7 que no es Kalimba ni el otro. ¿Para qué? No sé, porque ni siquiera es que uno diga "¡qué nalgas!, ¡qué ricas las tiene el chavo!", porque la verdad no, ni paraditas las tiene.
En cambio, las Edith González, ¡futs! ¡Esas sí son unas señoras nalgas! El primer desnudo de la rubia actriz no podía ser mejor: en una escena como de cinco minutos, totalmente gratuita, bajo el agua y en la cual también enseña las chichis y un tantito el peluche, ya que su personaje es una actriz de telenovelas medio locochona a la que le prenden las chavitas, como la que interpreta Paola Núñez, todavía con su nariz anterior.
¿De qué se trata 'Deseo'? Lo mismo me pregunté al salir del cine con una erección que me duró tres días. 'Deseo' es como una de esas películas del canal Cinema Golden o del Multi Premier, en la que todos clavan pero no se ve nada... bueno, hay chichis pero no es explicita la penetración, porque la finalidad es calentar al espectador, sin la necesidad de que haya una trama. Esta película es lo mismo: no trata de nada pero hay pelos.
De acuerdo con el intento de argumento, un grupo de ricachones con sirvientas bien sabrosas viven en un pueblo pintoresco en el que todos los personajes manejan coches de la marca Faw, (sí, los chinos esos que se vendían en Elektra); uno quiere con el otro y el otro quiere con otro más y así sucesivamente. De esa forma, la golfa del pueblo quiere con el marino, que se anda dando a su hermana, quien a su vez desea al mirrrey para el que trabaja como chacha, que sueña con la milf, cuyo marido se merienda a una morrita (hermana de la gata), quien es recogida por la actriz, que termina con la primera, cerrando el círculo de tallones, que de seguro resulta en un Sida colectivo.
Eso es todo, una historia de humor involuntario con repegones, perfecta para fajar en el cine. Lo malo es que fui con mi cuate el Barbas.
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Mario Manterola
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7:29 p.m.
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miércoles, 13 de febrero de 2013
El Padrote
Pizza de salmón, súper mamona, de pasta doradita, con queso del badotas (que sabe medio agrio pero chido), alcaperras (creo que así se llaman) y aceitunas rebanadas finamente, cocinado todo en horno de piedra, muy a la italiana, muy pípiris, y muy pinche caro, la verdad. Todo, nomás como preámbulo para ver la película El Padrino, estrenada en muy pocas salas de cine en la ciudad de México, en el marco del 40 aniversario de la cinta.
Por primera vez en mi pinchi vida iba a ver la mejor pinchi película de todo el pinchi mundo y en pinchi pantalla pinchi grande, no en mi televisión toda chaqueta con mi DVD que a veces agarra y a veces no, lo cual me hizo sentir bien, pues no estoy tan viejo como para haberla visto cuando se estrenó en los setenta, cuando Al Pacino era un mocoso, como lo soy yo ahora.
Para disfrutar de la experiencia de ver el clásico de Francis Ford Coppola en su formato original, fue necesario ir hasta Multiplaza Arboledas, que es un centro comercial en el Estado de México, al que se puede llegar agarrando una combi que tarda hora y media en llegar desde el Metro El Rosario, y eso que agarra Gustavo Baz, que se supone es una vía rápida. Pero todo vale la pena, porque es el único complejo en la ciudad que tiene una función en pantalla macro, que es tan grande que los cachetes de Marlon Brando se ven como las nalgas de Ninel Conde.
Y yo, en el orgasmo mental, tanto, que hasta dejé chorreando la butaca, sin ningún tipo de vergüenza porque vi las chichis de Simonetta Stefanelli (Apollonia) en IMAX caon".
¡Uts!
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Mario Manterola
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martes, 21 de agosto de 2012
¡Ay qué hombre soy!
Palomas (porque los diminutivos son de jotos) con harto limón y medio litro salsa, un jocho sin salchicha (para que no piense mal la gente), un vaso de puros hielos para mascar (porque el refresco calientito es para homosexuales), dos pirujotas a un lado y unas tortas de milanesa con quesillo del puesto de afuera del cine: el combo perfecto para ver Los indestructibles 2.
“Me da dos refrescos”, le pido al monito chaqueto que atiende la dulcería. “¿Familiares?”, me pregunta el morro. “¡No!, son prostitutas, pero tienen sed”, le respondo (Tucutum psss). Empieza la película y a los cinco minutos, Stallone, Schwarzenegger, Van Damme, Willis, Lundgren, Li, Statham, Norris, el negro y el otro ya mataron más gente que en todo el sexenio de Felipe Calderón. Con tantas explosiones, balazos y persecuciones de testosterona pura ¡ya me estaban saliendo pelos hasta en los ojos!
Pudo incomodar a mucha gente, pero era necesario tener sexo adentro de la sala y así lo hice, porque en ese cine ubicado justo adentro del Bazar Pericoapa quién tendría la moral suficiente para reclamarme algo, si esa misma película la estaban vendiendo en versión pirata ahí en los puestos y más cara que el boleto que pagué, y eso que no tengo la tarjeta de descuento del súper cliente mamalón.
¡Uts!
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Mario Manterola
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jueves, 22 de diciembre de 2011
¡Come plomo, hijo de perra!
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miércoles, 26 de octubre de 2011
Desecho paranormal
Se oye un ruido en la sala. Ella se levanta de su silla en el comedor y camina hacia la puerta a ver qué es lo que pasa. Al no encontrar nada, regresa con el fin de retomar su lectura en la mesa junto a su café, pero al llegar no encuentra ni muebles, ni trastes, ni nada, pues todo se está pegado al techo, desde donde cae estrepitosamente por la acción de un demonio maldito que habita en la casa.
Esa escena en la película Actividad Paranormal 3 valió el que una sala de cine entera gritara y el que yo maldijera haber tomado un yogurt de ciruela antes de entrar. Al final, una vez que todo el mundo ya se murió (¡ay, como si no se la supieran ya lo que va a pasar en esa madre!), tuve que levantarme de la butaca y caminar con precisión quirúrgica para no evidenciar que el miedo se materializó en mis pantalones, con tan buena suerte de que al momento de la tragedia, el alarido de la multitud camuflajeó el sonido como de tela rasgándose que surgió de mi entrepierna.
La fortuna de los cines de hoy, es que invariablemente forman parte de un complejo comercial en el que hay un siempre un supermercado cerca, lo que me permitió renovar mi guardarropa con cierta facilidad. Sin embargo, la parte difícil fue el cambio de calzoncillos y la posterior acción de deshacerse de los arruinados que, dicho sea de paso, tenían un aroma bastante escandaloso.
¡No los puedes dejar ahí!, son como basura médica, requieren un grado de precaución, son casi tóxicos, primero por la vergüenza que implica y luego por mera ecología; ¡contamina esa madre! Lo bueno es que todos los días recogen la basura afuera de la plaza Antara.
¡Chá!
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Mario Manterola
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domingo, 25 de septiembre de 2011
Más sexo indígena
El país está lleno de amantes de lo prehispánico, de lo antiguo, de lo caduco y de todo aquello que pueda ser vendido en el tianguis de artesanías del Centro Histórico de Coyoacán. Es así hay gente que adorna su casa con vasijas de barro negro oaxaqueño, con réplicas de ídolos aztecas en repisas y hasta cabezas olmecas en el jardín, incluso tienen el mal gusto de poner el cuadro de Iztaccihuatl y Popocatepetl en su sala.
Y no está mal, cada quién es libre de expresar su nacionalismo a su manera, ya sea vistiéndose de manta con cuentas bordadas o teniéndoles lástima a los indígenas, pidiendo que se implementen políticas públicas para mantener a sus comunidades en el atraso en el que están, en lugar de integrarlos a la vida productiva del país.
En fin, para todos aquellos indigenistas, tengo el agrado de comunicarles que la Caravana por la Paz, encabezada por el poeta Javier Sicilia en el sureste mexicano, me inspiró para escribir el guión de la primera película pornográfica protagonizada por representantes de las diferentes etnias existentes a lo largo del país.
Sin dar mayores detalles, sólo diré que habrá mucho humo de copal, música de teponaztli, escenografías monumentales y revolcones sobre pieles de jaguar, lo que me convertirá en el Huey Tlatoani del porno mexicano.
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viernes, 4 de marzo de 2011
Presunta censura
El comunicado de prensa de la Secretaría de Gobernación que daba cuenta del cese de exhibiciones de la película Presunto Culpable cambió mi plan para la noche de miércoles. Lo que iba a ser un maratón de Don Gato y su Pandilla con una larga sesión de tacos de bistec recalentados y una jarra de pulque de guayaba (todo en calzones y pantuflas, claro), se transformó en nachos y chesco para hacer bilis por la lamentable situación del sistema penitenciario mexicano.
Al ver el documental que próximamente estará fuera de cartelera por órdenes de una juez y a solicitud de uno de los protagonistas involuntarios de la cinta, no pude mas que sentir tristeza por la forma en la cual se hace justicia en este país y rogar por nunca ser blanco de una orden judicial emitida por alguna autoridad cuyas pocas neuronas hagan esfuerzos titánicos para respirar y evitar zurrarse encima al mismo tiempo.
La historia es por demás conocida: un chavo cae al tambo por un crimen que no cometió y el sistema no le permite probar su inocencia por el peso que se le da a una acusación miope de falsos testigos y policías incapaces. Al final, resulta ser que Bruce Willis estaba muerto y por eso el morrito lo podía ver… ¡Ah no!, esa es otra.
Pero váyanla a ver si pueden, antes de que un funcionario culero se los impida.
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Mario Manterola
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viernes, 4 de febrero de 2011
Fuck Olallo Rubio
Intentar matar a alguien apuñalándolo con el popote de un refresco es un acto imposible, yo lo intenté conmigo mismo este fin de semana y no funcionó por más que traté, resignándome a vivir para terminar de ver Esto No Es Una Película en un cine de Reforma a medianoche, acto que es más tortuoso que una violación de Kalimba.
Al salir de la sala, tuve que meterme un cigarro prendido en la cola para recuperar la sensibilidad en el cuerpo, a manera de consuelo y en señal de luto por las miles de neuronas que se me habían muerto durante esas dos horas en las que un decadente Edward Furlong (el morrito de Terminator 2) dialoga con sus múltiples personalidades en una habitación de hotel de Las Vegas, 48 horas antes del fin del mundo.
Por si fuera poco haber contribuido a la violencia que hay en este país, Olallo Rubio, el legendario locutor de Radioactivo (ahí sí me caía bien), vuelve con su discurso altermundista, izquierdoso-casi-fascista-contra-yanqui-decadente, que increíblemente no acabó de desarrollar y metérnoslo por las córneas en su anterior bodrio ¿Y ú cuánto cuestas?, que sólo provocará que algunos de sus pedorros fans venga a Polanco en Ejército Nacional 436, cuarto piso, a partirme la madre por estas líneas que escribí.
Los estoy esperando… ¡Putos!
Pasaron los días, me metí de todo, hasta unos baños de agua fría con friegas de piedra pómez, intenté con terapeutas y limpias de las que hacen los disque aztecas en el zócalo, hipnosis, regresiones, una sesión espiritista y estuve a punto de ir con la señorita Laura a que me regañara en televisión, pero nada sirvió. Aún sigo teniendo pesadillas con Esto No Es Una Película de Olallo Rubio.
Despierto sudando frío y todo meado en mi cama, recordando aún esas dos horas perdidas en el cine, viendo el desarrollo en pantalla de una historia sin historia, respaldado por la crítica hacia el consumismo y la dinámica comercial moderna, emitida por la mente de un izquierdoso de Coyoacán, de esos que tiran netas sobre la vida y defienden a babosos como Sub Comediante Marcos, asesinos como Fidel Castro y el Ché Guevara, condenando el poder desde la comodidad de sus residencia.
Sí, lo admito, no entendí nada de la película, si es que ese es un argumento de los fans-from-hell-del-Olallo para descalificar este texto, pero no es por falta de visión ni porque el poder capitalista me tenga coptado, o porque el dupolio televisivo me haya enajenado y ahora no admita otra cosa que no sea Bob Esponja bailando con Patricio Estrella, es sólo que yo sí acabé la primaria.
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Mario Manterola
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miércoles, 12 de enero de 2011
Metiendo quinta
Una patrulla del sector Asturias de la SSP-DF se me empareja a la derecha en un semáforo en rojo del Eje Central. Con la palanca en primera y los pies listos para desatar la furia de 400 caballos de fuerza de mi Mustang Hard Top 1965, miro por encima de mis Ray Ban sus rostros que reflejan el asombro por ver a la máquina definitiva del amor ante ellos. Sonrío bañado por el cambio de la luz a verde y le pinto huevos a ese par de macuarrotes panzones uniformados al arrancar de cero a cien en cuatro segundos, pedorreándolos con el humo que produce el motor V8 de la bestia.
No acostumbro humillar con mi virilidad a los ñeros en la calle, pero es sólo que acaba de salir el tráiler (los nacos le dicen “corto”) de la película de Rápido y Furioso 5, donde sale nuevamente el pelón mamado (si albur) con el güero y la sabrosa, pero además le entra a los madrazos el negro de la dos y el chino de la tres, entonces eso se convierte en un festival de automóviles que a mí en particular sólo me provocan un deseo incontenible de encuerarme y salir a bailar a la calle del gusto.
Los tirantes le metieron pata a la carrera pero, como se dice normalmente, me la pelaron y prefirieron mejor trepar a unos güeyes que estaban desbalijando carros en la Buenos Aires.
¡Quiovo!
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Mario Manterola
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domingo, 7 de noviembre de 2010
Una disculpa
Por medio del presente texto quiero extender una sincera disculpa a todo el personal que labora en el Cinemex de Plaza Antara, en la zona de Polanco, así como a todos los usuarios asistentes a la última función del pasado domingo 31 de octubre del presente año en una de sus cómodas salas (creo que era la número tres). Lamento haberles causado molestias, siento mucho que tuvieran que verse obligados a ordenar todo el desastre que dejé después de disfrutar de la función, aunque sé que es su trabajo.
Sí, fui yo. ¡Yo me zurré en una de las butacas!
Juro que no fue mi intención, ni siquiera traía ganas o algún mal estomacal, pero esque me sorprendió mucho ver cuando el fantasma agarra a la mamá, la sacude en el cuarto del bebé, luego la saca y la avienta por las escaleras, le jala las patas y luego la posee después de matar al perrito.
Me cae que apreté, pero esa escena de Actividad Paranormal 2 fue tan repentina que cuando me di cuenta, ya había volado la paloma (como diría Polo Polo).
Para cualquier aclaración, indemnización o forma de reparar el daño, mi número de tarjeta de invitado especial del cine es el 200 159 677. Tengo hartos puntos acumulados y si quieren de ahí cóbrense. Al fin que llevo como 10 años juntando y nunca los he gastado.
¡Chá!
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Mario Manterola
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jueves, 23 de septiembre de 2010
Cinemex Parque Delta
Era como ver a los Tres Chiflados o a los de Ensalada de Locos tratando de hacer una crepa con nutella, una chapata de pavo y un té de guayaba; se arrebataban el chuchillo, se les caía el pan al piso, se les rompía la masa, regaban ingredientes, se quemaban con las cosas calientes y nada más faltó que me aventaran algo los güeyes.
Yo estoy en contra de cualquier forma de violencia en este mundo, pero a los empleados del Cinemex de Parque Delta sí que les metan un palo por la cola por favor. No puede haber gente más inútil en esta vida, ni siquiera aquellos que se dedican a vender gorditas de nata en la avenida Zaragoza o los acarreados del PRD en las marchas son tan chafas.
Desde la taquillera, que me vendió un boleto de menos y por poco me deja sin ver Resident Evil 4, hasta los ya citados encargados de la cafetería que ¡ah cómo son babosos! por no saber distinguir un jamón de un salami, además del menso ese que reparte los lentes de tercera dimensión a la entrada de la sala, quien me dio unos que no se veían y me obligó a soplarme la película entera viendo doble. A todos ellos que se los coma un puerco al amanecer.
He perdonado que al tarado del cácaro se le vaya la onda con el sonido, que el piso esté chicloso, que la proyección empiece tarde o que el baño esté sucio, pero que se metan con mi Icee de frambuesa ¡jamás!
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Mario Manterola
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jueves, 16 de septiembre de 2010
Una loca película albina
Hace muchos años ya, era yo un maldito acosador, casi como Rose, la vecina de Charlie Sheen en Two And a Half Men, pero con una… (¿cómo le diré para que se oiga tantito elegante?)… ¡pus una nalga! que iba en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM una generación más abajo que yo.
Era una güera fabulosa a la que yo le tomaba fotografías todo el tiempo, escondido casi siempre entre los arbolitos. Le sabía sus horarios, amistades, costumbres, gustos y hasta medidas. Es más, intenté atentar contra la vida del entonces jefe de Gobierno del Distrito Federal, Alejandro Encinas, porque el estúpido de su hijo andaba con ella.
Dejé de ir a la escuela y me calmé un poquito, pero como la muy méndiga es actriz y modelo y sale todo el tiempo de comerciales de cosas horribles como geles vaginales, medicinas para verrugas o congeladas callejeras de tres pesos, pues todavía guardaba un poco de esa obsesión asesina por poseerla.
Hace un año salió una película en la que ella era parte del elenco y me la perdí. Contrario a lo que se podría pensar, no fui ni a la premier, ni al estreno, ni me acerqué a las salas de cine a asomarme tantito, ya ni me acuerdo por qué. Pero mi maldita enfermedad y la mentalidad adolescente que aún cargo conmigo me llevaron hasta el Blockbuster a rentarla, a pesar de que a todas luces parecía una mentada de madre de algún subnormal con presupuesto y ego suficientes para estudiar la carrera de cinematografía… si es que estudio.
Juegos inocentes es la peor basura del universo, del tamaño de Así del Precipicio o cualquiera de Fernando Sariñana. Cuando la estaba viendo me dieron ganas de pararme y salir corriendo pero luego me di cuenta de que estaba yo en mi propia casa y me la tuve que chutar entera, porque aparte no tenía otra cosa que hacer.
Está plagada de lugares comunes de adolescentes babosos; la chica virgen, el güey que se la quiere tirar, el menso al que todos odian, el que es súper drogado y extremo, la piruja; la casa en Cuernavaca, fiesta en la alberca, el muerto, el accidente; la peda, los juegos de besos, las grabaciones y demás tarugadas copiadas de American Pie.
El guionista es un imbécil de lo peor que merece que lo apedreen en una plaza pública encuerado, porque el idiota no conoce la geografía del estado de Morelos, ya que se muere un bato en Cuernavaca y a los cinco minutos lo quieren ir a tirar a Tepoztlán, que está como a una hora de distancia y los arrestan unos policías municipales de Cuerna… o sea ¿cómo?
Ahora, yo nunca había visto sangrar a alguien en color morado ¿pus qué tiene frambuesa en las venas? ¿Cómo puedes volcar y casi matarte en una cuatrimoto con motor de 100 cc? ¿Qué hacía un bat firmado por Babe Ruth paradito en una esquina de una casa de campo pedorra? ¡Chales!
El error (o la estupidez) más grande está en el póster de la película, el cual forma la imagen de una carita feliz con drogas, pero las mentadas drogas jamás son la causa de lo que le pasa al grupo de tarados que se van de fin de semana, sino su propia pendejez la que les termina arruinando la vida.
En fin, Paola Galina, ya no soy tu fans.
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Mario Manterola
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lunes, 2 de agosto de 2010
Lo mesmo
Hay veces que esforzarse demasiado no sirve de nada, porque hay personas que con el mínimo esfuerzo logran los mismos resultados y eso nomás calienta.
En cartelera hay dos películas que son la reata; una que es de pura mamada y está bien chida, y otra que es acá toda intensidad, un chingo de drama, subtramas muy enredosas, efectos farolones y nalgas voladoras, que también está buena y causa el mismo efecto en mi retardado cerebro.
Por un lado está “Un encuentro explosivo”, en la que Tom Cruise mata a 10 mil millones de ñeros y todavía se da el gusto de voltear a la cámara para sonreír y provocar que las mujeres mojen sus chones y manchen las butacas del cine… ¡a sus 48 años!
Eso sí, ya empieza a dar el viejazo en algunas tomas de cercas (así con “s” al final) porque como que le cuelga la cara, aunque ya quisieran muchos verse así a los 30 (ay que joto me oí)
Un encuentro explosivo (yo qué, así le pusieron), trata de que Tom Cruise es un agente secreto que se topa con Cameron Diaz en un aeropuerto y sin querer la enrola en una misión suicida para salvar al mundo. Entonces agarra y plomea a un chingo de malos, aterriza aviones con sus glúteos, desarma cajas fuertes con las uñas y para balas con la mirada.
Lo peor es que se la crees. O sea, este güey se lanza en una moto hacia el río, aterriza en el toldo de una troca, elimina a los perseguidores, mata a un malo con la puerta, tira un helicóptero y besa a la guapa sin siquiera recibir un solo rasguño… ¡y se la compras!
Bueno, ya si Bruce Willis y el 007 pueden, ¿por qué Tom Cruise no? La cosa es que tiene toda la intención de parecer una jalada por lo increíble que resulta ser tan chingón, pero aún así es efectivo.
Por el otro lado, está la película del verano que hasta pedos con las distribuidoras tuvo en su estreno: El Origen, la cual, por más que le hace a la mamada no resulta en todos los aspectos superior.
El origen, con Leonardo Dicaprio y dirigida por el que hizo las nuevas de Batman, trata de unos güeyes que se pueden meter a los sueños para extraer ideas del subconsciente y lucrar con ellas.
Acá el pedo es hacer lo contrario, o sea, meter una idea en la cabeza de un cabrón para que inconcientemente siga órdenes, pero sin que se de cuenta de que ese impulso fue plantado desde el interior y por un grupo de profesionales contratados por alguien que se verá beneficiado por esa acción.
Entonces Dicaprio tiene broncas mentales muy locas que echan a perder la misión, en la cual tienen que plantar ideas en el sueño del sueño del sueño del sueño, por lo que al final uno termina perdiéndose en los niveles de conciencia del desmadre ese, además de que uno no entiende cómo es que a la gente a la que se le aplica el procedimiento le parece tan normal que tal cosa exista.
Eso sí, tiene efectos loquísimos y una producción bien fregona, además sale Ellen Page… con eso y un chesco ya qué más se le pide a la vida.
El chiste es que da lo mismo ver lo uno que lo otro… la de El Origen no está taaaaaaaaaaaan chida como dicen.
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Mario Manterola
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