Como soy un miserable y un asalariado de mierda (como diría Azalia Ojeda (ojeta), alias la Lady de Polanco), no tengo varo para pagar un estacionamiento, ni las ganas de estar yendo a cada ratito a echarle monedas al parquímetro en Polanco, por eso voy a dejar mi coche hasta las peligrosas calles de la colonia Granada, en la delegación Miguel Hidalgo, donde no cobran nada y hay lugar, pero no hay garantía de salir vivo.
Caída la noche, iba yo a recoger mi vehículo aparcado en la calle de Lago Mayor, casi esquina con Lago Alberto, por donde está la fábrica de esas chelas que se toman en México y el mundo, cuidándome de no ser seguido por ningún cábula oportunista, sin fijarme y sin siquiera pensar remotamente que la tierra se abriría frente a mí para tragarme.
En esa zona mal iluminada, me vi y de repente ya no. En un segundo estaba y para el otro no. No fue un portal a otra dimensión, un secuestro narcoextraterrestre o una desaparición forzada por ser un periodista crítico del gobierno (¡ayajá!), sino una pinche perra coladera sin tapa, en la cual metí mi pata derecha, la cual resultó con un raspón marca chillarás, mientras que la otra se llevó un esguince de tobillo nomás.
No sé de dónde saqué coraje, valor y fuerza, pero me trepé a mi nave y me pelé de ahí, con más vergüenza que miedo a ser asaltado, pese al dolor que me causaba el pisar el clutch y acelerar. Lo que más me preocupa es que nunca toqué el fondo del agujero, y eso que estoy grandote.
¡Uts!
martes, 11 de diciembre de 2012
El pinchi hoyo
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Mario Manterola
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9:15 p.m.
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viernes, 7 de diciembre de 2012
El levanta muertos
El último recuerdo que tengo es ver caer desde el fondo de la botella la última gota de un vodka de mala reputación a la superficie de mi escaldada lengua. Al abrir los ojos, todo era oscuridad. ¿Cuántas horas estuve inconsciente? ¿A poco todavía no amanece? ¿Quién se robó mis pantalones? Un hambre, casi tan grande como el dolor de cabeza que está a punto de convertirse en embolia, invade mi percudido ser, que batalla contra sí mismo por incorporarse.
Once de la noche. Así que esto es lo que se siente dormir dos días enteros en tu propio vómito. La boca, por más buches que hago con una colca-cola sin gas, me sigue sabiendo al beso de aquella prostituta que nunca debí levantar, en un intento por sentirme menos miserable. Una vez recuperada la vertical, el problema es encontrar algo decente qué comer en un 100 metros a la redonda, pues más allá no me alcanzaría la fuerza.
Afortunadamente, Tercos (Burritos & Clamatos Chihuahua Style), el changarro de Rafita Valderrama, está abierto y puedo llegar gateando sin problemas. Media hora después, el tiempo que me tomó cruzar la calle, estoy meciéndome en uno de los columpios que tiene por asientos, pensando que el mundo se acabará dos semanas antes de lo advertido por los mayas.
Dos de pechuga y uno de marlín, y mis intestinos tienen con qué distraerse antes de digerirse a sí mismos y entrar en un coma etílico, gracias a la salsa Acapulco, tan picosa como para revivir a un diputado dormido en plena discusión del Presupuesto de Egresos.
¡Salud!
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Mario Manterola
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8:08 p.m.
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jueves, 6 de diciembre de 2012
Mancera Bieber
Desde Tacuba hasta República de Chile, Cuba y Eje Central Lázaro Cárdenas, las calles del Centro Histórico estaban prácticamente sitiadas ayer por miles de granaderos, desplegados en el operativo de seguridad montado para custodiar la toma de protesta del doctor Miguel Ángel Mancera Espinoza como nuevo titular de la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal.
Con escudos preparados y toletes desenfundados, los uniformados aguardaban con cara de malos detrás de las vallas metálicas a que una multitud los atacara como el sábado pasado, cuando hizo lo propio Enrique Peña Nieto en la Cámara de Diputados. Sin embargo, no se trataba esta vez de anarcopunks culeros, sino algo todavía peor y más peligroso: ¡mujeres!
Son miles de viejas, principalmente cuarentonas, las que consideran que el ex procurador es algo así como el Justin Bieber dentro de unos 30 años, porque al igual que las pinchis escuinclas caldufas, las rucas alcanzan niveles insospechados de decibeles con sus gritos y humedad en sus calzones cuando ven pasar, aunque sea muy de lejos, esa cabecita canosa de orejas paradas como antena.
¡Futa madre! El griterío opacó los claxonazos del primer cuadro capitalino, y ese estruendo siguió por todo Reforma detrás del nuevo alcalde hasta el Auditorio Nacional, donde se presentó ante 10 mil personas como ídolo pop, arrancando suspiros y despertando los más bajos deseos de aquellas que hace mucho les salieron canas y telarañas en lo más privado de su ser.
¡Uts!
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Mario Manterola
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8:32 p.m.
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miércoles, 5 de diciembre de 2012
Malditos anarcopunks
Cuatro días después y no me había caído el veinte de que la sucursal de Banamex que los anarquistas desmadraron a piedrazos durante las protestas del sábado en contra de la toma de protesta de Enrique Peña Nieto como Presidente es la misma en la que yo tengo mi dinero.
Yo vi por tele cómo unos ñeros reventaban los cristales del banco, como si éstos tuvieran la culpa de que ellos hubieran nacido con un cromosoma de más. Incluso hasta me dieron ganas de estar ahí para meterle un patadón a ese cajero que una vez quiso tragarse mi tarjeta sin fondos, pero ayer que pasé por enfrente, en el cruce de Juárez y Balderas, caí en cuenta que es donde tengo mis miserables ahorros.
Recuerdo que la abrí esa cuenta con lo que me dieron de liquidación cuando a un conocido periódico citadino se lo cargó el payaso (incluso hasta en la portada salía un payasito llevándose el cabezal), luego de largo rato de pensar en guardar ese mísero capital o inyectármelo por la vena del brazo en forma de heroína.
Al final me decidí por lo primero, pues se veía que la crisis de 2009 iba a estar cabrona. Pocas veces pasé por ahí y creo que la última fue para hacer la finta como que iba a retirar una lana para darle mordida a unos polis que me habían caído en una maroma que no voy a decir, para después pelármeles entre la multitud de una marcha.
Ayer quise ver si tenía lana todavía, pero siguen están reconstruyendo las oficinas y por eso tendré que sobrevivir con 20 varos en la bolsa.
¡Chá!
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Mario Manterola
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8:55 p.m.
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Vienen días de rock
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Mario Manterola
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8:49 p.m.
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domingo, 2 de diciembre de 2012
Ya cooperé
De esas veces que a uno le dan el cambio de un billete grandote, se lo guarda sin ver y resulta que le dieron una monedota de a 20 varos, de esas que descontinuaron desde el sexenio antepasado porque nadie las usaba, estaban bien feas y pesaban un chingo. Desde ese día, ando buscando cómo deshacerme de ella, pero sin perder dinero, porque, como quiera que sea, son 20 lanas las que me bajaron.
La oportunidad perfecta vino vestida de morado, con unas nalgotas, cabello largo, pechos sugerentes, lentes hipsterosos y sosteniendo una alcancía en forma de cochinito a la salida de la estación del Metro Polanco. ¡Uta madre! Era una morra de esas que levantan varo para el Teletón, la que representaba mi chance de deshacerme de medio kilo de inservible níquel con aleación de plata y obtener algo más, aparte de la satisfacción de ayudar a los morritos que no pueden caminar pero cantan bien bonito.
Acá payasón, una vez que identifiqué su zona, me abalancé directo hacia ella, como diciendo “a ver si te cabe esta en tu ranura”. ¡Y sí cupo! Yo tenía el miedo de que se fuera a atorar la moneda, pero no, embonó perfecto y al caer al fondo con un gran estruendo, ella se sorprendió como si le hubiera aventado un centenario de oro o una onza de plata, demostrando mi nivel de compromiso con las buenas causas.
Un intercambio de sonrisas, provocados por mi gran corazonsote, y ya le había sacado el nombre a la morra y la promesa de llevarla a ver a Lucerito llorar en vivo en la clausura del Teletón, aprovechando mi condición de prensa acreditada.
¡Uts!
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Mario Manterola
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8:19 p.m.
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